El campo mexicano y la educación agrícola

Entre el agronegocio y la incertidumbre
Sábado 26 de julio de 2014
por  OLEP
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Muchos no entendemos por qué cuando el gobierno habla sobre el campo mexicano nos muestra siempre la hermosa imagen de grandes extensiones de tierra, con surcos verdes, tractores, sistemas de riego, y campesinos cosechando alegremente bajo el sol; y nos habla de cuán bondadoso ha sido con sus apoyos al campo, “que México está saliendo de la miseria”, “que ahora los campesinos ya pueden exportar sus productos al extranjero…”. Sin embargo, si se le pregunta a los estudiantes de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh) qué es lo primero que piensan cuando escuchan las palabras “campo mexicano”, la mayoría de ellos contestan: pobreza, marginación, hambre, falta de oportunidades, falta de asesoría técnica, desempleo, pequeños productores, migración, alcoholismo, desintegración familiar, etc., y podríamos seguir haciendo una larga lista.

En efecto, para quienes conocen el campo mexicano, incluso sólo un poco, es bien sabido que en las zonas rurales del país la realidad es completamente distinta a como se muestra en los “spots” gubernamentales. En las grandes ciudades, la mayoría de los habitantes de la periferia (los alrededores, los llamados “cinturones de miseria”) pertenecen a familias e incluso pueblos enteros que han sido obligados a emigrar en busca del sustento, o bien que han sido expulsados por la fuerza de sus tierras. Por ejemplo, la Ciudad de México y sus alrededores (barrios, colonias, delegaciones y municipios enteros) se han construido a partir de masivas oleadas migratorias provenientes del campo a lo largo de la historia.

Entonces, ¿por qué habríamos de creer que la futura, pero ya anunciada, “profunda” Reforma al campo traerá beneficios que nunca se han visto en este sector? Después de años de abandono planificado y constante despojo queda claro que lo que al gobierno le importa son las grandes empresas agrícolas y los grandes productores que invierten el capital necesario para incrementar la producción, exportar al extranjero y obtener jugosas ganancias; bajo la lógica del gobierno, los campesinos pobres y los pequeños productores agrícolas representan un obstáculo para el “verdadero progreso del país”. El progreso para los ricos, significa siempre más miseria y explotación para los pobres.

La cuestión es: ¿Por qué el gobierno insiste en vendernos la idea de que el campo debe ser “competitivo”? ¿Competitivo para quién? ¿A qué se le llama “competitividad” cuando la gran mayoría de los campesinos pobres ni esforzándose diez veces alcanzarán a producir para exportar? ¿Por qué? ¿Por flojos, porque no son “emprendedores”? Para la producción agrícola no basta con tener la tierra, también hace falta tener insumos (semillas, abonos, etc.) y herramientas (maquinaria, principalmente), ¿y quién tiene el capital para invertir en insumos y herramientas?, por supuesto, la burguesía agraria, los terratenientes y latifundistas, así la gran agricultura capitalista condena a muerte tanto a los campesinos pobres como a los pequeños productores agrícolas.

En palabras del Dr. José Sergio Barrales (ex–rector de la UACh): “La agricultura hoy en día es vista como un negocio, se produce para el mercado, no para alimentar a un pueblo, sino para vender, ampliar la los mercados y obtener más ganancias […] en esta lucha el cultivo que no es rentable simplemente se deja de producir…”. Los cultivos básicos (maíz, frijol, arroz y trigo) son substituidos por cultivos de alta rentabilidad y de exportación (hortalizas, frutales, plantas de ornato, entre otros). Actualmente, para quienes cuentan con menos de 5 hectáreas (has). de tierras de cultivo, se requiere una gran inversión de capital que sólo se puede obtener endeudándose con algún crédito bancario (con altísimas tasas de interés) que después devienen en enormes deudas. Así que, al campesino no le sirve de mucho la propiedad de la tierra, si no tiene el capital para trabajarla, el resultado es que la mayoría de las veces, se ven obligados a venderla o arrendarla.

También comenta el Dr. Barrales que “vienen arrebatar lo que no pudieron hacer en el 92 * y que el gobierno tiene a todo un grupo de profesionales educados en EU y uno que otro profesor de Chapingo que ha decidido colaborar con el avance del despojo en el campo mexicano. El gobierno ha dicho que “tomará en cuenta a las organizaciones”, sin embargo, serán las organizaciones clientelares como la Confederación Nacional Campesina (CNC), Central Campesina Cardenista (CCC), Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinas (CIOAC) y Antorcha Campesina (en su papel de grupo paramilitar con fachada de organización social) quienes avalarán la propuesta de Enrique Peña Nieto y son quienes más se han beneficiado de las migajas que reciben bajo el cobijo del PRI. El resto de las organizaciones y los campesinos no organizados jamás serán tomados en cuenta.

¿Y los estudiantes de las escuelas de educación superior agrícola qué papel juegan en todo esto? Primero, nos debe quedar claro que los estudiantes, en el futuro pasarán a formar parte de la clase trabajadora, ya sea en la ciudad o en el campo. La ilusión promovida por el gobierno y algunos académicos proburgueses, de que “todos pueden formar una empresa si se lo proponen”, es eso, una ilusión, un mal chiste, para que eso suceda existen las mismas posibilidades que para sacarse la lotería.

El papel que deben de jugar los estudiantes de carreras agronómicas, como la UACh, en el medio rural está íntimamente ligado a su vinculación con el movimiento social, tiene que ver con el potencial de los estudiantes para entender y transformar los problemas sociales que se presentan ante ellos, para que el día de mañana los agrónomos acompañen la lucha del pueblo y no se pongan del lado de los opresores y explotadores. Los estudiantes de agronomía también tienen la difícil tarea de cuestionar la educación impartida en los centros de enseñanza, esa educación burguesa, individualista, elitista, metódica y carente de sentido humanista.

[*] En 1992, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, se reformó el artículo 27 constitucional y la Ley Agraria para, entre otras cosas, legalizar la venta de tierras ejidales y la ampliación del límite de has. permitidas como posesión (legalización del neolatifundismo).

NOTA: Este artículo fue publicado en la sección CAMPO del No. 2 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 19 de julio de 2014.

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