El doctorado no quita lo explotado

El personal académico de asignatura en la UNAM
Martes 8 de marzo de 2016
por  OLEP
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Si el hijo de un trabajador logra ingresar a la universidad, una de las primeras preocupaciones que se plantean es si podrá eventualmente obtener un trabajo remunerado, de preferencia en algo relacionado con el área en la que realizó sus estudios, de tal forma que la universidad sea una preparación auténtica para la vida futura y no solamente un costoso pasatiempo.

Una de las primeras oportunidades de “ejercer” para cualquiera de los egresados de las carreras que se imparten en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es la de ser profesor de asignatura o ayudante de profesor (mejor conocido como adjunto). A veces, cuando escuchamos que alguien es profesor de asignatura en la UNAM, inmediatamente se nos viene a la mente alguien con cierta posición económica, un “intelectualón” que tiene su automóvil, su departamento atiborrado de libros y quizás dos gatos. Así, cuando el profesor de asignatura se queja por sus condiciones de trabajo, la gente lo mira con una sonrisa condescendiente y dice: “¿de qué se queja éste?”

Muchas veces somos justamente los hijos de los trabajadores quienes, al terminar nuestros estudios, tratamos de acceder a un puesto de profesor de asignatura. Somos quienes no podemos seguir siendo estudiantes más tiempo, ya que si uno quiere estudiar un posgrado, no basta con obtener una beca y a veces no es posible obtenerla, hay que trabajar en algo que permita medio solventar los gastos y tener tiempo para seguir estudiando.

Por un lado, hay que señalar que el profesor de asignatura, como empleado, no está en las mismas condiciones que el personal de tiempo completo e incluso que el personal administrativo: tiene un contrato que dura únicamente 6 meses y que si bien genera antigüedad, la manera en la que se decide si se renueva o no el contrato es discrecional. Es decir, el contrato de los profesores de asignatura depende de la autoridad local designada para repartir los curso; es así como pueden asignarle a alguien dos o tres cursos y al siguiente semestre ninguno, sin mediar explicación alguna. He ahí la primera dificultad: aunque muchas veces los estudiantes “sufren” para acomodar sus horarios porque no hay suficientes grupos, lo que sobran son profesores de asignatura a los que no se les asigna curso porque “no hay demanda”.

Por otro lado, respecto a las condiciones laborales del personal de asignatura, éste no cuenta con una representación: no tiene voz en los órganos colegiados de la Universidad, ni representantes en ninguno de los dos sindicatos, siendo el único sector de la universidad que no tiene ninguna representación ni siquiera formal en la toma de decisiones. Tampoco tienen derecho a material para preparar las clases: en el cheque quincenal, la UNAM destina 40 pesos para material didáctico, lo que incluye gises, plumones, papel, tonner, etcétera, ni pensar en una computadora o impresora. El profesor de asignatura no tiene un espacio donde atender a los alumnos fuera de clase, y lo hace en los pasillos, en los puestos de comida o en las bibliotecas. Hay que señalar que al profesor de asignatura sólo se le pagan las horas que pasa frente al grupo, pero no es en esas escasas horas donde se realiza la mayor parte del trabajo; la calificación de trabajos o exámenes y las asesorías a los estudiantes se realizan en un tiempo que no se les retribuye; en ese aspecto, hacen el mismo trabajo que el personal de tiempo completo, pero recibiendo muchísima menos paga.

La misma situación la viven los ayudantes de profesor. Ellos son los jóvenes académicos a quienes se les paga menos que el salario mínimo por realizar actividades que según el Estatuto del Personal Académico (EPA) pueden comprender hasta la tercera parte de un curso regular. A pesar de que el personal de asignatura comprende más del 80% de la planta docente de la UNAM, a los profesores de asignatura y a los ayudantes de profesor se les trata como académicos de repuesto, aunque muchos cuentan con más de 15 años de antigüedad y mucha más experiencia docente que algunas “jóvenes promesas” de tiempo completo.

Es cierto, al personal de asignatura, como a muchos otros trabajadores asalariados, nos son atropellados nuestros derechos laborales, pero no es posible luchar por el respeto a nuestros derechos si no nos unimos, si no dejamos de pensar en resolver únicamente nuestra situación individual y entendemos que las soluciones individualistas perjudican a otros compañeros y perpetúan nuestra situación de precariedad laboral. La verdadera solución, la dignificación de la labor docente, sólo se logrará si el personal de asignatura está unido y luchando contra nuestras deplorables condiciones de trabajo.

Como personal de asignatura, primero, tenemos que asumir nuestra condición de asalariados; segundo, no podemos seguir pensando en el personal de tiempo completo como el enemigo a vencer. Como asalariados, nuestro principal enemigo es la patronal que en este caso, aunque por una supuesta “institucionalidad” y “amor a los colores de la UNAM” a veces no queramos aceptar, es la Rectoría y el gobierno federal.

No podemos esperar a que nuestra situación cambie simplemente porque se lo pedimos amablemente a la autoridad. Como asalariados, el único recurso con el que contamos es nuestro trabajo, sin nosotros no existiría la Universidad, ni la mayor parte del quehacer académico de la misma. Si no luchamos unidos no podremos dignificar nuestro trabajo. Si los profesores de asignatura no nos unimos a los trabajadores administrativos y a los profesores de tiempo completo no podremos generar mejores condiciones laborales para todos los trabajadores de la UNAM. Si no nos unimos trabajadores y estudiantes no podremos luchar por la defensa de la educación pública, gratuita, científica y laica. Si no nos unimos todos los trabajadores y el pueblo no podremos construir una sociedad que sea esencialmente justa y libre.

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección TRABAJO del No. 14 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 6 de febrero de 2016.

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