¿Qué queremos decir con “emancipación popular”?

Si nadie trabaja por ti, que nadie decida por ti
Viernes 25 de septiembre de 2015
por  OLEP
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Los socialistas luchamos por la emancipación popular, pero ¿qué queremos decir con “emancipación popular”? Para aclarar esto pensemos en nuestra vida cotidiana. Quienes todavía tenemos un trabajo remunerado, todos los días debemos ir a trabajar, allí no podemos elegir nuestros horarios (nos son impuestos por el patrón) no podemos elegir nuestro día de descanso (los que aún lo tienen), se nos prohíbe el derecho a la organización y en donde tenemos sindicato, muchas veces no podemos elegir libremente a quienes nos representan. Ya no se diga el elegir nuestro centro de trabajo, cada vez es menos posible conseguir trabajo cerca de nuestros hogares y debemos realizar recorridos cada vez más largos, muchas veces atravesando la ciudad de extremo a extremo.

A los trabajadores del campo se les engaña, se les dice que no tienen razones para luchar, porque el gobierno les entregó la tierra, les da “apoyos” para hacerla más “productiva” y cuando se movilizan, cuando deciden que fue suficiente de explotación y de miseria, se les reprime: los encarcelan, los asesinan. Los jóvenes que egresan de las escuelas públicas de educación básica no tienen en realidad el derecho a elegir dónde van a estudiar, se les somete a varios filtros, dónde se incluyen los infames estudios socio-económicos, además del examen único, que realiza una empresa privada: el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (CENEVAL), quien decide qué y dónde estudiarás.

Quienes tienen derecho a días de descanso, tampoco son libres de hacer lo que quieren, si quieren ir al cine o al teatro, si desean nadar, si anhelan conocer otros rincones de este país o incluso de otro, esto implica gastar dinero que no tienen, porque los salarios no alcanzan para el esparcimiento. Incluso quienes no tenemos más opción que quedarnos en casa a ver televisión no somos libres de elegir qué queremos ver y cuándo, las empresas de televisión deciden qué, cuándo y cómo, además de que estamos todo el tiempo expuestos a la agresiva publicidad de las grandes cadenas comerciales, que nos dicen qué comprar, qué vestir, dónde comer. En fin, en esta sociedad, nosotros: el pueblo trabajador, los empleados, los campesinos, los estudiantes, los colonos no somos libres.

Hay muchas personas que aunque atestiguan diariamente la situación de miseria material y espiritual, de opresión y explotación en la que vivimos millones de personas, se contentan con ser los que tienen una ración más grande de pan, los que reciben menos azotes. Estas personas sufren de una enfermedad de la conciencia, se trata de la mentalidad de esclavo, del espíritu del siervo; se trata de aceptar alegremente vivir con la soga al cuello, solamente esperando a quien ha de jalar de esa cuerda o dar una limosna para seguir sobreviviendo. ¿De dónde proviene esta esclavitud? Para nosotros es claro que quienes nos esclavizan son los burgueses, los dueños de las empresas, los patrones, aquellos que viven de lo que se roban de nuestro trabajo. El gobierno, en este sentido, no es más que el administrador de los negocios privados de la burguesía, el capataz inhumano que cuida que los esclavos no se salgan del redil.

Todos los trabajadores estamos atados por la esclavitud salarial al régimen de opresión, de represión y explotación, es decir, al capitalismo, pero no todos sufrimos la mentalidad del esclavo. Nosotros, como muchos otros, queremos cambiar esa situación, queremos que todos seamos libres para decidir el rumbo de nuestro propio país, buscamos que no haya desigualdad social, deseamos tener acceso a la salud, a la educación, a una vivienda digna y que el pueblo trabajador tome las riendas de su destino, eso queremos decir con emancipación popular.

No debemos confundirnos, cuando decimos que el pueblo trabajador tome las riendas, no nos referimos simplemente a que “sólo el pueblo puede salvar al pueblo”, no somos un rebaño de ovejas que necesita ser salvado, somos trabajadores, somos quienes hacemos con nuestras manos el destino de este país. ¿Por qué entonces si somos los que hacemos el futuro, no vamos a ser dueños de nuestro propio destino? ¿Por qué no seríamos capaces de decidir un mejor rumbo para el país? ¿Por qué habríamos de atenernos a la dirección política de algunos caudillos?

Queremos dejar de ser tratados como si fuéramos menores de edad, incapaces de asumir la tarea de construir con todos los explotados y oprimidos una nueva sociedad, más libre y esencialmente justa, donde nadie viva del trabajo ajeno y todos podamos contribuir a la construcción y conducción de la nación, pero para ello debemos sacudirnos la mentalidad del esclavo y tomar conciencia de que nuestro lugar en la sociedad no sólo es el de constructores, sino conductores de nuestros destinos. La única forma de dejar de ser esclavos es luchar por nuestra emancipación, el primer paso de esta lucha es organizarnos, entender que no estamos solos, esos serán los primeros pasos para que construyamos nuestra conciencia como clase, como trabajadores que han decidido tomar las riendas del futuro.

¡Contra el despojo, la represión y la explotación; resistencia, organización y lucha por el socialismo!

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección DEBATE del No. 9 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 3 de agosto de 2015.

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