Con o sin elecciones: aprendamos a organizarnos y luchar

La conciencia proletaria fortalece la lucha por la justicia social
Miércoles 10 de diciembre de 2014
por  OLEP
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En las últimas dos elecciones presidenciales ha participado una izquierda cuya meta máxima es lograr construir en México un Estado de bienestar capitalista, la cual podemos ubicar en dos grandes grupos: quienes desde la plataforma electoral fundamentan sus demandas y quienes desde un movimiento social aprovechan las alianzas que se pueden generar dentro de los periodos electorales pero guardando cierta independencia de los partidos políticos.

En estos procesos electorales, la burguesía ha sido representada por el PAN, el PRI, el PVEM y la mayoría del PRD, mientras que la pequeña burguesía, ha tenido su representación en el PT, MORENA y una mínima parte del PRD. A nivel electoral la única clase que no tiene una representación es la proletaria, la cual, en su gran mayoría simpatiza con el MORENA.

Bajo estas condiciones, parecería que el proletariado no tiene ninguna oportunidad, ni siquiera de empujar sus demandas o por lo menos frenar el avasallamiento de las políticas neoliberales que se han implementado con las llamadas reformas estructurales.

López Obrador, máximo representante de MORENA, ha sido claro en cuál es su objetivo: la toma del poder político por medio de las elecciones para construir un Estado de bienestar. En su discurso no nos dice que esto significa permitir una explotación capitalista pero acotada a través de la conciliación de clases, es decir: una explotación que mantenga al proletariado menos jodido y más contento.

Por otra parte, existen otras manifestaciones organizadas del movimiento pequeño burgués como el Movimiento de Liberación Nacional (MLN). Si bien no cuenta con un registro legal para participar en las elecciones, se ha aliado al MORENA. Además de perseguir puestos como diputados o funcionarios en los gobiernos de “izquierda” siguen luchando por conseguir más puestos para sus integrantes en diferentes universidades, ya que algunos de sus más conocidos dirigentes son investigadores, quien se han caracterizado por ser intelectuales con un alto nivel socioeconómico, que ante el temor de perder este status, sólo se dedican a teledirigir movimientos de masas.

Otras corrientes aliadas al MLN son las conformadas por dirigentes de algunos sindicatos como el SME y algunas secciones de la CNTE que tienen como objetivo colocarse como diputados locales o federales. Si bien en parte lo hacen por conseguir mejoras económicas para sus agremiados y mediatizar su descontento, el problema es que no salen del círculo de la lucha económica, una lucha que se restringe a mejorar sus condiciones de vida, sin contemplar a toda la clase trabajadora.

Una de sus características que tienen estos aliados del MORENA es la radicalidad de su discurso. En el 2009 era claro para el MLN que debería existir “[…] un proceso de insurgencia cívica y popular que aproveche todas las formas de resistencia […] legales y extralegales, electorales y extraelectorales, institucionales y extrainstitucionales.” Sin embargo, en la práctica, en la movilización, no sólo limitaron el descontento popular, sino que abonaron a la criminalización de la protesta social, condenando y señalando a organizaciones y colectivos que pretendían llevar a cabo acciones que no se podrían enmarcar en el pacifismo.

La acusación que se promovió sobre la existencia de provocadores e infiltrados dentro de los movimientos sociales que usaron la autodefensa ante el ataque de los cuerpos represivos, desnudó la posición política del MLN. Para esta organización socialdemócrata pequeñoburguesa el precio de fortalecerse en la movilización social es sacrificar a aquellos que están más allá de su izquierda, es decir, todos los que no comparten su objetivo principal: llegar al poder del Estado por medio de sus alianzas con movimientos o partidos que participan en las elecciones y que limitan su actuar a un pacifismo mal entendido.

Entre las enseñanzas que podemos obtener de analizar los diferentes objetivos y métodos de organización de las fuerzas que representan a la pequeña burguesía están: 1) todo trabajo político cotidiano o coyuntural debe tener como objetivo elevar la conciencia de clase proletaria de las masas; 2) las demandas particulares deben ir siempre atadas a la necesidad de una transformación que termine de raíz con las causas de la desigualdad y la injusticia económica, política y social y 3) debemos generar los mecanismos políticos y organizativos para defendernos de la política represiva del Estado, denunciar al oportunismo cuando sus intereses se vuelven un obstáculo en la lucha social o cuando se busca señalar a los movimientos sociales con la única finalidad de que el Estado los reprima.

Es importante recalcar que fuerzas como el MLN no son el enemigo principal del movimiento proletario y que no debemos desgastar nuestras fuerzas en el choque con estas posiciones políticas. Debemos orientar nuestra lucha para que el pueblo trabajador pueda lograr objetivos políticos claros como clase y con base en esta claridad, sienta la necesidad de desarrollar la lucha política e ideológica y no solamente una lucha de demandas inmediatas. Esto fortalecerá al movimiento socialista, debilitará al oportunismo y permitirá la defensa organizada de las masas ante la embestida represiva del Estado, que sigue su curso y cada día parece perfeccionar sus estrategias, sobre todo ahora que de nueva cuenta el viejo PRI se encuentra bajo las riendas del gobierno federal

NOTA: Este artículo fue publicado en el No. 0 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 20 de marzo de 2014.

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