Contaminar y controlar los cultivos, las semillas y los alimentos

Sobre los transgénicos
Lunes 6 de octubre de 2014
por  OLEP
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Los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) o transgénicos, como comúnmente se conocen, son producto de la biotecnología moderna, consisten en la manipulación genética de una especie en particular, para insertarle un gen (partícula de material genético hereditario) externo a cierta especie y que ese gen (paquete de información) le confiera características específicas y especiales que no se podrían obtener durante el proceso evolutivo en la naturaleza y/o en los ciclos agrícolas convencionales.

Hace más de 15 años que México abrió las puertas a la siembra de transgénicos. De 1988 hasta 2005, cuando se aprueba la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, se habían hecho ya 327 liberaciones experimentales en campo de 23 cultivos dentro de los que se encuentran; el algodón con 113 liberaciones, la calabacita con 47, soya con 53, maíz con 34 y tomate con 26. Posterior al 2005 y hasta 2012 se tiene registro de que se otorgaron permisos de un total de 455 liberaciones, el incremento significa que la Ley de Bioseguridad aprobada no es ningún freno sino más bien un respaldo legal a la producción, cultivo y experimentación con transgénicos.

En estas últimas leyes se deja al descubierto la alianza del gobierno mexicano con las grandes empresas semilleras. En 2009, el gobierno de México puso fin a la política de pseudoprotección que hasta entonces había desarrollado y eliminó el Régimen de Protección Especial para el Maíz (RPEM), única medida legal de resguardo del centro mundial de origen del maíz, abriendo así la puerta para la experimentación y producción masiva de maíz transgénico. En ese mismo año se cancela la moratoria al maíz transgénico, a cargo del Comité Nacional de Bioseguridad Agrícola (CNBA), dejando a un lado la discusión sobre los posibles efectos negativos que el maíz transgénico produciría en el maíz criollo y sus parientes silvestres.

De la mano con la entrada de los transgénicos en México inicia también la protesta, y la discusión acerca de este tema. Así lo expresa el Sr. Camerino Aparicio representante de la Unidad Indígena Totonaca Náhuatl (UNITONA) de la sierra norte de Puebla: “En el año 2002 a través del trabajo que vienen realizando de la detección de contaminación de maíz, los compañeros de Oaxaca junto con nosotros […] logramos hacer un estudio a nivel región y grande fue nuestra sorpresa al descubrir que nuestra región está contaminada de maíz transgénico hasta con 3 variedades […] iniciamos entonces todo un proceso de defensa del maíz, dado que para nosotros no es sólo un alimento […] sin maíz no habría comunidad”.

A las voces e inquietudes principalmente de los campesinos, indígenas y pequeños productores se suman también el movimiento social y grupos de científicos y académicos vinculados al medio rural y la investigación biotecnológica. La discusión acerca de los transgénicos gira en torno a muchos aspectos, como los riesgos a la salud, la soberanía alimentaria, la contaminación del ambiente y, sobre todo, ha tenido mucha importancia el hecho de que México sea el centro de origen del maíz, dado que los transgénicos amenazan directa o indirectamente las 59 razas y miles de variedades que han alimentado a los pueblos mesoamericanos desde hace cientos de años.

Hay otro tema que se menciona poco y es el de la lucha por el control del mercado de la alimentación. Dentro de la lógica del sistema capitalista en el que vivimos, las leyes del mercado son las que dominan y controlan el mundo. Los capitalistas, representados por las empresas transnacionales que controlan el mercado de las semillas (Monsanto, Syngenta, DuPont, Dow Agrosciences, Bayer y Basf), están presentes en México agrupadas en la Asociación Civil AgroBIO. Estas son quienes más se benefician con la siembra y comercialización de los transgénicos y, claro está, los nuevos terratenientes, acaparadores de grandes extensiones de tierra. Aunque en el caso del maíz ha habido resistencia y protestas, se ha avanzado rápidamente en el cultivo de transgénicos de otras especies como: algodón, soya, jitomate, canola entre otros.

La investigación y comercialización de transgénicos está orientada en un 85% a la manipulación genética con el objetivo de producir variedades resistentes a herbicidas y/o insecticidas. Como dijimos anteriormente, está enfocada a las grandes extensiones de tierra donde, al ser monocultivo, el maíz tiene que lidiar con la presencia de plagas y enfermedades que es muy costoso combatir con laboreo mecánico. Así, los grandes productores agrícolas engrosan y amasan mayores ganancias, utilizando venenos químicos para reducir las mermas en la producción.

En nuestro país, las instituciones públicas de educación superior agrícola y las escuelas y universidades con carreras y líneas de investigación biotecnológica, no se quieren quedar atrás en el desarrollo de investigaciones sobre transgénicos y, sobre todo, no se quieren quedar fuera del reparto de presupuesto y de incentivos económicos que éstas conllevan. La investigación biotecnológica mejor financiada actualmente está íntimamente ligada con los intereses del mercado, acaparando y monopolizando el conocimiento para un fin particular.

Consideramos que el debate de los transgénicos no es un tema aislado o que únicamente tiene que ver con el avance de la investigación y la biotecnología, sostenemos que es una cuestión mucho más profunda relacionada directamente con el sistema económico y político que nos domina. Los cultivos transgénicos son un instrumento de control de la agricultura que solo beneficia a una clase, a la clase burguesa, a la cual pertenecen las empresas transnacionales, los grandes productores dueños de los medios de producción y la tecnología para la producción intensiva de cultivos.

La lucha contra los transgénicos se suma a las miles de luchas que se desarrollan a lo largo y ancho de este país, se suma a la lucha contra todo el paquete de reformas neoliberales que se han impuesto al pueblo de México.

El uso y desarrollo de cultivos transgénicos forma parte de la estrategia capitalista neoliberal para desparecer o, por lo menos, reducir a su mínima expresión al sector campesino, eliminar la producción nacional de autoconsumo (que representa un porcentaje considerable y satisface a una buena parte de la población nacional) pues el objetivo es dominar y controlar el mercado de alimentos. La estrategia está diseñada para que los pequeños productores terminen de extinguirse y se conviertan en una reserva de mano de obra barata para otras ramas industriales del capital.

La lucha de campesinos e indígenas en contra de los transgénicos no debe verse como una lucha aislada, ni mucho menos como algo ajeno para aquellos que no trabajamos la tierra directamente. Estamos siendo golpeados por un enemigo común, ese enemigo es el sistema capitalista, que avanza a pasos agigantados destruyendo todo obstáculo que sea ajeno a sus intereses económicos. Es a ese enemigo al que hay que resistir, organizándonos y luchando.

NOTA: Este artículo fue publicado en la sección CAMPO del No. 3 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 21 de septiembre de 2014.

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