¿Qué hay detrás de la posición a favor del paro en la FFyL-UNAM?

Miércoles 18 de septiembre de 2013
por  anonymous
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Ahora que todo mundo se rasga las vestiduras en las redes sociales porque no es posible que haya ganado el paro en la Facultad de Filosofía y Letras. Ahora que otros festejan sin considerar lo excesivo de la propuesta descabellada y fuera de tono del paro indefinido, es preciso detenernos a pensar. Lo que es cierto es que la votación en la Asamblea de Filosofía y Letras (a la que sí llegó un gran número de estudiantes, pero no todos) estuvo reñida y es justo preguntarse ¿qué hay detrás de la discusión de paro sí o no? que parece ser a lo que todo se reduce. Más importante aún, es necesario tratar de desmenuzar qué implican las posturas vertidas en la asamblea de hoy, qué deficiencias plantea la decisión que tomó la mayoría (nos guste o no) y qué razones esgrimió la minoría.

En primer lugar, debe quedar claro que los que llegamos convocados por la votación de un paro al que llama el movimiento magisterial como un acto de solidaridad con el rechazo a la Reforma educativa estamos preocupados por la realidad que vive el país. También fue claro que la mayoría no estamos de acuerdo con la reforma educativa, ni con la represión que el gobierno desata en contra del movimiento social, en tanto que creemos que defender los derechos que el pueblo mexicano ha ganado a lo largo de su historia es legítimo y es digno.

En segundo lugar es evidente que algunos grupos (de ambas posiciones) no se presentaron a la asamblea movidos por este sincero interés, sino más bien con claras posturas reduccionistas y con intereses que sólo buscan privilegiar una postura o los intereses de un grupo en particular. Por un lado estaban quienes tan sólo iban con el mandato de votar a favor del paro, no por interés social, sino por el mero gusto de cerrar filos, sino para colocar sus posiciones, sino para jalar agua para su molino. Pudimos ver a muchos de estos compañeros hablando de la lucha en otros países (lo que no es un argumento en favor del paro) y a los que querían un paro indefinido (y no sabían ni por qué ni cómo eso iba a contribuir a la lucha social).

Estas posiciones ultraizquierdistas no abonan a nada, no construyen, no intentan politizar ni discutir, sino tan sólo convencer por medio de sentimientos exacerbados, sin un análisis cuidadoso de qué exige la coyuntura y no qué sueño o qué deseos tengo. Eso no construye ni crea formas de organización entre nosotros mismos.

Por otro lado, estaba ese grupo en contra del paro, así sin más ni más, sin el interés de escuchar a los que estaban a favor y cuyo único fin al presentarse era votar no al paro a como diera lugar. Lamentable es que este grupo, abiertamente se centrara en los siguientes pseudoargumentos:

  1. No al paro porque desconocemos la asamblea. Lo que ni a pseudoargumento llega. Es evidente que este grupo asistió a una asamblea y de hecho bien que vertió su primera propuesta (que el paro se votara de inmediato), pero en cuanto vio que su postura no ganaba porque no era votada por la mayoría, cambió de opinión y se dio cuenta (mucho después de empezada la asamblea) que la asamblea a la que habían ido, en la que habían pedido la palabra y en la que vertieron sus propuestas ¡era ilegítima! Y digna de ser desconocida. ¡Qué chistoso! ¿Si su posición hubiera ganado la habrían desconocido? O de manera oportunista y tramposa, primero le entraron al juego pa ver si ganaban y cuando vieron que no ganaban se les hizo fácil desconocer las reglas del juego que ellos mismos aceptaron.
  2. No al paro porque la mayoría no está de acuerdo. Lo que es casi indefendile, porque frente a sus propios ojos la mayoría ganó la propuesta de formato de asamblea y la propuesta de sí al paro. Lo que es peor, cuando vieron que había más manos levantadas en contra de su propuesta o más gente parada del lado contrario de su postura se hicieron los miopes, contaron mal y dijeron yo no estoy de acuerdo. ¿Su argumento? La mayoría de esta asamblea sí está a favor del paro, pero la mayoría de la Facultad no. ¡Qué caray, ahora resulta que ellos hablaron con tooodos los estudiantes y sabían lo que querían todos los que no estaban ahí votando! Lo que es peor, dieron por hecho que la mayoría que no estaba en la asamblea votaba a favor de su postura (pero los impositivos son los que apoyan la postura de la mayoría que sí se puede comprobar en la asamblea) alegando que la gente que no estaba (porque trabaja, está en clase o en examen) dice no al paro, como si no fuera posible, también que mucha de la gente que no estaba por las razones que fuera, estuviera a favor del paro. Argumento con el que, de pasada dieron a entender que la mayoría que sí estaba y que sí se podía contar en la asamblea era una bola de flojos porque no estaban en el trabajo o en su clase, lo que implica estigmatizar, tratando de inclinar la votación hacia un lado.
  3. La mayoría (que no está aquí, que no podemos comprobar y que no sabemos cómo demostrar) está en contra del paro y eso es razón suficiente para decir no al paro. Todos o muchos de los que estudiamos en esa facultad sabemos que la mayoría no construye razón (de ahí que mi maestro de Lógica insistiera en que era falso afirmar que si a todas las moscas del mundo les gusta la caca podemos decir que es verdad que la caca es rica porque la mayoría no puede estar equivocada). Pero me interesa más preguntar ¿de dónde salió este amor por la mayoría, este amor por la democracia que nunca han defendido en la práctica más que en contra del paro? Por qué nunca hemos visto a estos mismo estudiantes, que ahh cómo chillaban en la asamblea, ir a chillar y a gritar porque las decisiones que se toman en la universidad no están respaldadas por la mayoría, porque los cambios del plan de estudio no se acompañan de plebiscitos, porque los consejeros que se escogen en nuestra facultad se hacen en votaciones en donde la mayoría no fue a votar. Por qué no van y le chillan a la directora ¡Anule a los representantes consejeros porque la mayoría no vino a votar porque estaba en clase!

Estas desmedidas posiciones parecían no tener más que un objetivo (nada que ver con la lucha social, el interés de los estudiantes por el pueblo y esas cosas) el de desvirtuar el movimiento de solidaridad con el magisterio, el de intentar, a como diera lugar, exhibir los mecanismos de decisión estudiantiles y de organización como autoritarios por medio de falacias y argumentos que no van más allá de los lugares comunes. Pero, lo más peligroso, pareciera que el mandato era dividir y desilusionar a toda costa: miren, por eso no se puede hacer nada, por eso es mejor no meterse en política, todo es puro autoritarismo.

Todas estas falsas posturas se revelaron el día de hoy en la Facultad de Filosofía y Letras por un grupo de alumnos que, evidentemente, de conciencia política no tienen nada, de respeto por la mayoría menos (pues son incapaces de respetar a la mayoría que tienen enfrente en nombre de una mayoría abstracta) y de interés por los conflictos sociales nada. Ahora resulta que por el simple hecho de que su posición no ha ganado ya justifican su ataque en contra de quienes sí apoyaron el paro, aunque según dijeron les preocupaba mucho el movimiento magisterial.

Hubimos otros que votamos en contra del paro, no bajo ninguno de los absurdos argumentos que he descrito arriba, sino porque simplemente no estamos de acuerdo con que sea la herramienta política más adecuada para el momento, de acuerdo con nuestra lectura de la realidad. Lo que sí es un hecho es que en esa asamblea no representativa que ha reunido a más estudiantes que ninguna otra en por lo menos unos tres años, había consenso en la necesidad de apoyar el movimiento magisterial, de rechazar la represión y el paquete de reformas que el Gobierno de Peña Nieto intenta imponer (o ha impuesto ya).

Desde mi punto de vista, quienes sostuvieron una discusión realmente política y se presentaron a discutir bajo el principio de buscar la manera más adecuada de apoyar al movimiento demostramos (más allá de paro sí o no) que en Filosofía y Letras no hay acuerdo en cuanto a los métodos y las formas de lucha política que impone la realidad, lo que implica que tampoco hay acuerdo en el análisis y el diagnóstico de esa realidad que nos inquieta. Eso es lo que verdaderamente se esconde detrás de las polarizadas posturas a favor o en contra del paro. El paro es sólo un instrumento, y no hay acuerdo en si es momento adecuado de usarlo (aunque ya hay una decisión que se sustenta en una mayoría real y no imaginaria que es la que decidió en la asamblea). Algunos pensamos que aún no es momento de cerrar las escuelas, sino de seguir concientizando y politizando a la comunidad tanto universitaria como del DF y creemos (ahí sí hay una diferencia política, argumentada y no visceral) que el paro no responde a esa necesidad que identificamos. No obstante, nos guste o no la mayoría de la asamblea (no la mayoría de Filos, ni de la UNAM ni del universo) votó a favor del paro, eso es innegable. ¿Qué hacer ante esa situación?

Perdimos, es cierto, eso no quiere decir que no tengamos la razón, puede que quienes consideren que el paro es la mejor herramienta ante la coyuntura se equivoquen, o puede que nosotros seamos los equivocados. Nuestro papel, el de la gente madura que asume que asistió a una asamblea a defender su posición y que su posición quedó en minoría sin que eso signifique que estamos equivocados, es asumir la decisión de la mayoría y también debemos asumir que puede que la mayoría esté equivocada, pero que despotricar por nuestra incapacidad de convencer con argumentos razonables, o deslegitimar sólo porque no hemos logrado convencer a todos al único que favorece es al Estado mismo. La minoría tiene derecho a recordarle a la mayoría que vemos un déficit en su propuesta, tenemos derecho a exigir que la mayoría dote de herramientas de politización y conciencia la herramienta que se ha votado, tenemos el deber de seguir participando, de construir propuestas más acertadas, de abrir espacios de discusión y de intercambio de ideas para construir propuestas que, al mismo tiempo que beneficien al magisterio, sean las más correctas de acuerdo con nuestra realidad.

Lo peor que podemos hacer es dejarnos llevar por el canto de las sirenas que ha mandado la autoridad y los maestros de definida derecha (que se la pasan idolatrando la Revolución pero renegando de todo lo que no sea una revolución institucionalizada) para convencernos de que sólo porque no ganamos en mayoría podemos renunciar a todo, podemos renegar de la organización de la gente, podemos desilusionarnos del movimiento estudiantil en general, debemos odiarlos y entender que organizarse, que construir unidad es imposible. ¡A eso fueron el tipo de lentes que no sabe contar manos y la chamaca que llora cuando pierde una votación! A romper el mínimo acuerdo de interés y solidaridad que ha convocado a un número amplio de estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras.

Todo aquel que utilice como pretexto el hecho de que la asamblea no piensa como él o no le da la razón para desprestigiar al movimiento, para señalar y estigmatizar a otros estudiantes o para llamar a la división y la confrontación, en tanto sólo satisface los intereses del propio estado no hace sino trabajar para él (aunque no esté en la nómina).

Por eso, de la manera más atenta y con el derecho que me da haber participado en la asamblea, haber votado y haber aceptado que quedé en minoría, solicito a los compañeros que estaban a favor del paro que, en conjunto con aquellos que perdimos la posición que entendamos que no estamos de acuerdo en el método, pero sí en la necesidad de hacer frente a la embestida de nuestro único enemigo real, la derecha, que entendamos que es necesario dotar de contenido político y de trabajo político la herramienta del paro, que es necesario construir espacios en donde podamos discutir hacia dónde vamos en medio de esta coyuntura, qué esperamos de ella y cómo generar organización en medio de ella. Con el derecho que me concierne la madurez política de saber perder sin hacer mi berrinche y levantarme, llamo a todos aquellos que estamos realmente preocupados por lo que pasa en nuestro país, que estamos en contra de la represión que el gobierno despliega contra su pueblo a no caer en la división, sino a construir por medio de la discusión, el análisis y los argumentos políticos, no para que gane un grupo u otro, no para que ganen los ñoños que no pueden vivir sin clase o los flojos que sólo quieren faltar y no tienen nada que hacer, sino para que gane nuestro movimiento social, para elevar la capacidad del pueblo, para, como estudiantes, estar a la altura de lo que la efervescencia popular demanda de nosotros.

PD A estas horas he sabido de varios intentos de romper paros y tomas de escuela… ahí tienen los “principios y formas de los que sí respetan la democracia”.

Estudiante de la FFyL 3° Semestre


Commentaires

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Miércoles 18 de septiembre de 2013 à 17h39 - por  Juan

Rubén, pues ni modo así se construye la crítica y el buen discurso. Para textos cortos, te sugiero que leas la prensa o la propaganda de los partidos polícos.

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Miércoles 18 de septiembre de 2013 à 16h18 - por  Tony

Es que si no lees no te enteras que no son chismarajos, ha sido la argumentación más clara y convincente que he leído. Si vas en Filos no deberías quejarte de tener que leer mucho. Por eso nadie entiende libros como El capital, por que qué hueva leer tantos chismarajos.

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Miércoles 18 de septiembre de 2013 à 14h42 - por  Scynthia

No creo que una postura gane o pierda, solo es vertida y otros la escuchan. Creo que precisamente no se entienden las herramientas metodológicas y se tienen diversos desconocimientos o inexperiencia, es normal, no todos los días hay conflictos sociales que desaten estos debates y estas experiencias sobre cómo organizarse y proponer, discutir, debatir, llegar a consensos...las clases están bien, empiezas a discutir y opinas sobre algo que muchas veces ya paso, esto lo estamos viviendo todos y nos ha sacado de la rutina, empezamos a vernos las caras en las escuelas, a preguntar entre pares y no solo entre libros, maestros, investigadores, analistas, expertos, y demás autoridades en la materia.

Lo que empieza como una conflicto entre magisterio y Estado, se está convirtiéndo en un indicador de los problemas sociales que se avecinan. Ver un paro como el mejor instumento de apoyo a los maestros, no es necesario, tampoco verlo lo contrario. Sino pensar en lo que podría hacerse un día en las escuelas sin clases, exponiendo nuestras ideas y opiniones acerca de una problematica social que nos atañe a todos y es la discusión de cambios en el modelo de organización social actual, en el que todos nos vemos involucrados.

Si eres de los que ya tienen asegurado su futuro economico, su posición social, su trabajo, sus prestaciones, su salario, su educación continua, su biblioteca particular, insumos tecnológicos, su auto, su casa, y su jubilación, me falta el derecho al descanso u ocio, es decir, cines, teatros, música, comida gourmet, museos, ropa y accesorios (ya no es vestido), los días sociables y toda esa compleja red de consumo que se vive en facultades y escuelas...entonces no se preocupen y sigamos pensando que esto solo es un conflicto entre el magisterio y el poder por el control político de unas facciones y otras.

Pensemos que no necesitamos espacios para entablar un diálogo largo, tedioso y complicado, para qué, podemos apoyar desde nuestro más profundo sentimiento "la lucha de los maestros".
Un día fuera del aula puede servir para conocer nuestras voces y pensamientos

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Miércoles 18 de septiembre de 2013 à 12h04 - por  Rubén

Textos largos, cortan el ánimo de leer... sobre todo cuando son chismarajos.

Sugiero que seamos más concisos.

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