El movimiento del Politécnico después del paro

La victoria no está garantizada
Miércoles 15 de abril de 2015
por  OLEP
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Para entender el movimiento estudiantil del Instituto Politécnico Nacional (IPN) debemos tomar en cuenta el impacto que generó en todos los jóvenes movilizados saber que, a otros jóvenes como ellos, que también protestaban en contra de la profundización de las reformas neoliberales en el sector educativo, se les reprimiera y se les desapareciera como sucedió en Iguala a los normalistas de Ayotzinapa. La masacre de Iguala y sus posteriores resultados, además de desatar una ola de movilizaciones como no se habían visto hace mucho en nuestro país, vinieron a politizar masivamente a los estudiantes politécnicos, a muchos les quitó el temor inicial a involucrarse y marchar junto con otras organizaciones sociales y contingentes estudiantiles.

Si bien, el movimiento estudiantil politécnico nació como oposición a las modificaciones al reglamento interno y a los planes y programas de estudio, como expresión del descontento acumulado por la comunidad politécnica ante años de autoritarismo institucional, el movimiento politécnico se incorporó rápidamente a las manifestaciones de repudio al terrorismo de Estado, exigencia de justicia y presentación con vida de los normalistas detenidos-desaparecidos.

La mayoría de los politécnicos movilizados, comenzaron a comprender que nuestras luchas, las luchas del pueblo, son una sola, aunque a veces no nos demos cuenta. La lucha contra el terrorismo de Estado, terrorismo que se expresa como desaparición forzada y ejecución extrajudicial de normalistas, se hermana con la lucha por una educación pública, científica y de alto nivel académico para los hijos del pueblo trabajador, para que todos tengamos acceso a la educación superior y media superior y no se nos relegue a ser sólo capacitados e instruidos para ser empleados técnicos que no cuestionen y no piensen en resolver los problemas que aquejan al pueblo.

Tras varias semanas de masiva movilización y la toma de las instalaciones de todas las escuelas del IPN, el movimiento estudiantil encabezado por la Asamblea General Politécnica (AGP) logró sentar en una mesa de diálogo al gobierno y a las autoridades del IPN. En ésta se tomaron distintos acuerdos entre los que destacan la suspensión de las reformas al reglamento interno y los planes y programas de estudio, el compromiso gubernamental y de las autoridades de realizar un Congreso Nacional Politécnico (CNP), en el que se discuta a profundidad y con delegados elegidos de entre la comunidad politécnica el rumbo de la institución.

Durante las semanas que duró el paro, los estudiantes politécnicos aprendieron que sólo la movilización organizada del pueblo tiene la posibilidad de transformar nuestra realidad y esa, ya por sí sola, es una gran lección. Los politécnicos han vuelto a clases y, como ellos mismos afirmaban alguna vez, “después del paro ya no somos los mismos”. Muchos abrieron los ojos y se dieron cuenta de la necesidad de pasar de la indignación a la organización permanente, la necesidad de pasar del movimiento espontáneo a pensar lo que haremos, el cómo lo haremos, el cuándo, el dónde y el por qué. En casi todas las escuelas, después del paro, han quedado núcleos de activistas que desde sus salones y grupos académicos o desde cubículos que tomaron durante y después del paro, siguen dispuestos a organizarse y a seguir luchando.

A veces parece que transformar al IPN y la realidad de nuestro país son objetivos muy lejanos, pero nadie debe desesperarse ni darse por vencido; al contrario, quienes participaron en las jornadas de lucha y siguen participando en movilizaciones (ahora ya con las obligaciones académicas a cuestas), deben esforzarse por explicar a otros, a los compañeros que estuvieron en el paro y a los que no lo estuvieron, al pueblo trabajador que los apoya y los apoyó, que la lucha de los politécnicos es parte de la lucha de todos por transformar lo injusto y desigual de nuestra sociedad y que esa lucha es de largo aliento, que se requiere estar más y mejor organizados. La lucha no se termina al acabar el paro, ni la victoria está garantizada por haber firmado acuerdos.

La tarea principal del movimiento en este momento consiste en seguir organizados y ayudando a otros a organizarse para seguir luchando. Hay que seguir explicando a quienes no participaron en el paro, que no será con la indiferencia que cambiarán las cosas, todos pueden contribuir de diferentes maneras. Los estudiantes politécnicos que hoy luchan y se organizan no deben perder de vista que los paros, como todas las demás herramientas de lucha, son una forma de protesta que permite unificar y cohesionar los movimientos fortaleciendo la organización y elevando la conciencia política del pueblo, pero que el paro al ser un herramienta, es un medio, no un fin en sí mismo y que no se puede ocupar la misma herramienta para resolver todos los problemas. Dependerá de los estudiantes y las circunstancias a las que se enfrenten determinar la ruta a seguir y las herramientas a utilizar para luchar con dignidad hasta vencer.

Las lecciones de la lucha de los estudiantes del IPN aún están por escribirse. Como ya es costumbre, el gobierno y las autoridades hacen muchas promesas (cuando no reprimen brutalmente) para contener el movimiento estudiantil y popular. Los estudiantes del IPN no deben permitir que su lucha se desarticule, es necesario promover y consolidar los procesos organizativos, entender que la problemática no es un hecho aislado y solidarizarse con las diferentes luchas e injusticias en contra de nuestro pueblo. El Estado por todos los medios tratará de infundir miedo, a la represión policiaca, a la represión académica, a perder el semestre, etcétera, pero el miedo se vence y cuando eso pasa podemos soñar y actuar, ya no sólo para construir un mejor IPN, sino un país verdaderamente justo, libre y democrático.

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección EDUCACIÓN del No. 6 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 7 de marzo de 2015.

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