La Carta de Benjamin, tendero en Tarnac (Francia)

Comité de apoyo a los de Tarnac
Miércoles 4 de febrero de 2009
por  @nonymous
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Desde hace dos meses, el gobierno francés (N. Sarkozy) mantiene detenido arbitrarmente, sin pruebas , sin que haya habido ningún juicio, a Julien Coupat. Está detenido desde el 11 de noviembre acusado del sabotaje de una línea de ferrocarril de alta velocidad. Está bajo la juridicción antiterrorista y puede ser condenado a 20 años de encarcelamiento!!!

9 de sus amig@s y camaradas fueron detenidos por los mismos motivos que él y fueron liberados hace poco. El ministerio del interior teme la radicalización de la "ultra izquierda" y actúa como si estuviéramos en plena dictatura.

Esta es un fragmento de entrevista con Benjamin, uno de los detenidos el 11 de noviembre de 2008, realizada por Eric Hazan, escritor.

¿Qué lecciones saca usted de esta historia?

Nos muestra varias cosas. Primero nos prueba que con la legislación anti-terrorista , se puede detener a cualquier persona por cualquier motivo, ya que se inculpa a la gente solo por supuestas intenciones, que era el objetivo de esta legislación. Luego se plantea otra cuestión: ¿Por qué ahora? Creo que el poder se muere de miedo … mirad lo que sucede en Grecia, pero la policía hubiera podido matar a un adolescente aquí. Lo que no sería tan excepcional … Por fin ¿Por qué ellos? Pienso que la gente de Tarnac es peligrosa para el aparato estatal porque pueden representar el vínculo entre la juventud estudiante y la juventud popular. Representan un poco ambas juventudes y esta unión, el poder la teme terriblemente. Sarkozy lo había dicho cuando era ministro del interior . “Si la juventud estudiante y la de los suburbios se unen, la fin del quinquenio será un desastre.”

¿Piensa usted que nos encontramos en una situación pre-insurreccional?

El poder lo teme. Y tiene razón.

Traducción de la carta de Benjamin

Hola a todos,

Después de tres semanas de descanso y un tiempo de reflexión, de lectura intensiva de todo lo que se ha dicho sobre este asunto mientras estábamos en chirona , empiezo esta carta. Salí de Fresnes hace ya tres semanas, un poco desorientado, no me esperaba salir tan rápido con lo que parecía ser una trampa tan bien orquestada.

Reencontrar el aire fresco y el horizonte del mundo han sido por supuesto un gran alivio, uno se acostumbra tan rápido a ver su existencia cercada por muros y rejas, que parece que hace siglos que estás ahí, cuando solo son dos o tres semanas. Por supuesto agradezco con toda mi alma todos los que se movieron para sacarnos de allí. Estoy seguro de que a pesar de todo lo arbitrario que rodea las decisiones de justicia, esta presión, nutrida por los comité, los padres, amigos y por todos los que sintieron, con razón, que este asunto les tocaba de cerca, ha tenido un efecto consecuente. Me habría gustado poder hacerlo de una sola voz con mis camaradas co-inculpados pero como lo sabéis está prohibido entrar en contacto de cualquiera manera bajo pena de volver en la cárcel.

Me persigue una certidumbre: esta liberación es una “suerte” inesperada, suerte que viene desde lejos; por un lado la de haber nacido blanco, de haber tenido la oportunidad de estar diplomado, de tener padres y amigos que proceden de esferas “privilegiadas” de los cuales la movilización tiene sin ninguna duda más oportunidades de ser escuchada que si hubiera nacido en otro lugar y en otro entorno social.

Por supuesto, me persigue el hecho de que dos de mis amigos y camaradas se encuentren todavía encarcelados por unos motivos tan rocambolescos, pero también por la idea de que centenas de otras personas que crucé especialmente durante mi corta detención nunca han tenido esta oportunidad. A saber que las cárceles francesas han tragado durante los últimos años toda una fracción de la juventud de este país, esta fracción juzgada inasimilable, continuamente hostigada, siempre “ya-condenada”, y que continúa rechazando engrosar las filas asfixiantes de esta sociedad. Un hecho salta a los ojos cuando uno frecuenta los patios de las cárceles: una mayoría muy clara de detenidos está compuesta por jóvenes de barrios populares, algunos de los cuales son habituales de las estancias en prisión. Se nota también el número asombroso de personas detenidas, por periodos a menudo muy largos, bajo el régimen de la “detención provisional”, régimen dicho “excepcional”. 6 meses, 9 meses, 1 año, 2 años, 3 años sin que haya juicio y muchas veces sin pruebas tangibles. Tiene que ser más difícil tener “testimonios de moralidad”, garantías de representación admisibles cuando uno viene de barriadas de la afueras de Villiers Le Bel, Aubervilliers o Bagneux, cuando vuestros padres son considerados como extranjeros, que no manejan el idioma de los magistrados y tampoco el de los medios de comunicación o que no justifican de una actividad laboral estable y sobre todo considerada como tal.

Sin embargo no caeremos en el miserabilismo, la solidaridad se forja también detrás de las paredes carcelarias, la política penal de este gobierno está fabricando una bomba de tiempo. Más se atiborran las cárceles de este país, más se cruzarán destinos y se levantarán puentes entre todos estos entornos sociales tan doctamente separados al exterior.

El acercamiento entre los tratamientos políticos, policiales y mediáticos (esta tríada casi se ha vuelto expresión consagrada, ¡quizás habrá que fusionarlos oficialmente!) desde el asunto de Tarnac y el de Villiers Le Bel el año pasado es pertinente ¡y con razón!

Noviembre 2005, CPE (contrat première embauche), elección presidencial, Villiers Le Bel, LRU (Loi sur la Liberté et Responsabilités des Universités) … Dos fracciones de la juventud que a priori todo opone, nutren juntas la paranoia del poder.

La respuesta es rápida y conjunta los mismos rasgos: lucha en contra del “reino de las bandas” en los suburbios, fabricación de una “movida anarco-autónoma” , de “grupúsculos de ultra izquierda”, como formas de rechazar la revuelta difusa que crece al hilo de los movimientos de la juventud estudiante o "precaria". En ambos casos , una política de comunicación de largo alcance para dibujar los contornos del “enemigo interior” lo que desemboca ruidosamente en operaciones policiales ultra mediatizadas. Demostraciones de fuerza desmesuradas, misas mediáticas, encarcelaciones puras y simples. Hay que recordar que dentro de los múltiples inculpados y encarcelados de noviembre 2005, cinco personas quedaron encarceladas después de la redada de Villiers Le Bel esperando a un juicio que no llega, a falta de pruebas. Ahora es nuestro turno, pero la cacería de los llamados “anarco-autónomos” está abierta desde hace más de un año, 6 personas por lo menos fueron ya interpeladas y presentadas delante de jurisdicciones antiterroristas desde diciembre 2007, por hechos o suposiciones que nunca habían sido tratadas con tal régimen jurídico. La pinza se estrecha y parece que todos los golpes están permitidos.

Los comunicados de los comités de apoyo mostraron hasta qué punto el recurso a las herramientas del anti-terrorismo representa un cambio significativo de los procesos gubernamentales y de la “gestión” de la contestación. Escenarios similares ya vistos en otros países estos últimos años (EEUU, Reino Unido, Alemania, Italia…) llegan en Francia y anuncian el inicio de un régimen donde la excepción se convierte en regla. La mayoría de estos procedimientos no tienen nada que ver con el “terrorismo” y ello sea cual sea la definición que le demos, sino que responden a la lógica milenaria de “castigar a uno para aterrorizar a cien”. En otros tiempos, se habría ahorcado “algunos” en la entrada de la ciudad, para dar un ejemplo.

En nuestro caso, se ha notado muy pronto que “el asunto de los sabotajes de la SNCF” era solamente un pretexto oportuno para desplegar oficialmente una operación de comunicación y de “neutralización preventiva” prevista desde mucho tiempo (desde la llegada de Michelle Aliot Marie al ministerio del interior). La rapidez con la cual empezó la “operación Taiga” y la ausencia casi total de elementos materiales de la carpeta judicial (también después de los registros y de los interrogatorios cruzados) devela muy rápido, a quien no se dedica a gritar con los lobos, lo grosero del montaje policial. Con todos los esfuerzos de condimento de esta historia muy sosa, un “grupúsculo en ruptura (…) dedicándose a la clandestinidad”, un “jefe contestado”, su “brazo derecho”, “sus tenientes”, unas “relaciones amistosas” cultivadas en el pueblo por “pura estrategia”. ¡Pero da igual! La gente cree definitiva y afortunadamente más “en lo que viven que en lo que ven en la tele”.

Una vez que todos respondieron a la pregunta sobre su participación o no a los “actos de degradación” sobre los catenarios SNCF, solo queda este inmenso bodrio que es la acusación de “asociación de maleantes en relación con una acción terrorista”. Por lo demás, es el único cargo que pesa sobre la mayoría de los inculpados, incluyéndome a mí.

Este cargo de acusación se funda sobre una red de informaciones e hipótesis heterogéneas reunidas por los servicios de inteligencia, que solo una prosa policíaca, por lo menos imaginativa, permite unir entre ellos de un modo tan unilateral. Las redes de amistades, cada una política a su manera, se convierten sin ninguna duda en afiliaciones muy bien organizadas o claramente jerárquicas. Se hace de una serie de encuentros, de la participación de algunos a unas manifestaciones, de la presencia de otros revelada durante los movimientos sociales de estos últimos años, los presagios de la razón de ser estrictamente “política” (en el sentido más clásico y llano del término) de un “grupo” identificable y aislable como “célula” (¿cancerigena?). Esto es una contra verdad absoluta y determina un cierto número de contra-sentidos respecto a aquello de lo que hemos sido protadores a lo largo de los años.

El delito “de asociación” permite englobar de un golpe toda la existencia de las personas interesadas y todo puede convertirse en elemento de cargo : lecturas, idiomas conocidos, habilidades, movilidad, relaciones en el extranjero, ausencia de teléfono móvil, ruptura con su “plan de carrera” o con su entorno social, vida sentimental y mejor no le sigo …

La utilización de esas herramientas "antiterroristas" no son al final nada más que el indicio de la agresividad propia a todo poder que se sabe amenazado por todas partes. No se trata tanto de indignarse, sino en todo caso, de no engañarse o de dejar de engañarse sobre esta operación de policía política: ella no es más que la tentativa, por parte de los detentores del poder, de comunicar al "cuerpo social" su propia paranoia, que no puede ser totalmente infundada.

Se habla mucho en torno al asunto del ensayo intitulado “L’Insurrection qui vient” (La insurrección que viene), y cada uno especula para encontrar QUIEN esta detrás del “comité invisible”. Esta cuestión solo es interesante desde el punto de vista estrictamente policial. La elección editorial del anonimato que ha sido hecha ha de ser escuchada, en mi opinión, no como una particular paranoia de los autores (aunque se encontrase hoy mil veces justificada) sino por el apego a una palabra esencialmente colectiva. No se trata de la palabra de un colectivo de autores que se podrían nombrar uno a uno, sino de una palabra que se ha forjado en los azares de un movimiento en el cual el pensamiento no se puede atribuir a uno u otro de los autores.

Este libro sucita muchas polémicas y reprobaciones también para nosotros que hemos hecho el esfuerzo de leerlo y entenderlo. Me parece que este es el objetivo mismo de la escritura política, el planteamiento de lo que tiene que ser discutido, hacerlo inevitable a riesgo de ser chocante y sin matices.

Todos los que pretenden saber QUIEN es el autor de este libro mienten puramente y simplemente o toman sus hipótesis por la realidad.

Las “lecturas” recientes de este libro, especialmente la de la policía y de algunos criminólogos de salón plantean la cuestión de la “radicalidad”. Esta “radicalidad” nos es reenviada como rasgo de identidad, e incluso como cargo de inculpación que no dice su nombre. No me siento particularmente radical, en el sentido de coordinar las constataciones con los pensamientos y los actos (lo que desgraciadamente nadie hace desde hace mucho tiempo). En cambio, la situación es radical y cada vez más. Determina movimientos de radicalización difusos que no le deben nada a ningún grupúsculo. Cada día en mi actividad de tendero o cuando sirvo en la barra, o también cuando estaba en la cárcel, escucho lo que se dice, se piensa, se siente, y me siento a veces bien moderado frente a la rabia que crece por todos lados. Este gobierno sin duda tiene razón de temer que la situación social se le escape, pero nosotros no serviremos para su campaña de terror preventivo, porque el viento sopla ya. Viene del Mediterráneo.

Habría muchas otras cosas por decir, dudas que plantear, manipulaciones por desbaratar, pero todo esto apenas comienza. Así que mi posición es completamente en fase con la de los comités de apoyo que florecen por todos lados: retiro de los cargos de “empresa terrorista” y de “asociación de maleantes”, liberación inmediata de Julien y Yldune y de todos l@s que están encarcelad@s por esta razón, eso para empezar …

Vendrá el momento en el cual deberán darnos cuentas por el enorme perjuicio que hemos sufrido, nosotros, Tarnac, pero también por lo que no es sino una provocación suplementaria en contra de todos los que no se resignan al desastre en curso.

Benjamin, tendero en Tarnac

Acá puedes leer la Carta de Benjamin en francés


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La represión en Francia

Una parte de la charla fue sobre el caso Tarnac



Gracias por su solidaridad

¡El pueblo unido jamás sera vencido!


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