La ética y la moral, ¿natural o sobrenatural?

Miércoles 18 de noviembre de 2009
por  jorge_rojasve
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Por: Jorge Luis Rojas D’Onofrio

Las religiones son consideradas por gran cantidad de personas como bases de la ética y de la moral humana. En muchas de estas religiones la moral y la ética son presentadas como normas establecidas por un ser o seres sobrenaturales, y que no tendrían sentido sin la existencia de lo sobrenatural, ya que dichas nociones morales parecen ir en contra del interés de las personas que implementan dichas normas, y parecen contradecir la aparente naturaleza egoísta de los seres vivos. Pero esto no es más que una creencia que surge de la incomprensión del método científico, en primer lugar, y de la falta de conocimiento sobre las explicaciones científicas actuales sobre la moral y la ética humana, en segundo lugar. Existe una incomprensión del método científico ya que si en algún momento una observación contradice las teorías o creencias científicas, como por ejemplo la observación de acciones altruistas que contradicen el comportamiento egoísta que supuestamente predice la teoría de la evolución por selección natural, entonces simplemente la teoría debe ser modificada para que sea coherente con las observaciones y permita así predecir de mejor manera los acontecimientos futuros. Simplemente es imposible que una observación contradiga a la ciencia, porque la ciencia se basa en establecer teorías que no contradigan las observaciones, modificando dichas teorías las veces que sean necesarias para que sean acordes con las observaciones y así predecir de la mejor manera el futuro. La ciencia es una serie interminable de correcciones que acercan la teoría a la realidad. Pero más allá de esta consideración esencial para entender el carácter natural de la moral y la ética humana, es necesario saber que dichas nociones morales y éticas en realidad son bastante acordes con las teorías actuales de la evolución humana y el funcionamiento de la mente.

La teoría de la evolución

Hace más de un siglo, Charles Darwin y Alfred Russel Wallace propusieron una de las teorías más poderosas para explicar las características de los seres vivos: la teoría de evolución de las especies por selección natural [Darwin 1859]. Esta teoría se derivó en buena parte de los conocimientos que los seres humanos poseían desde hacía milenios, sobre la domesticación de plantas y animales.

Hace miles de años, los humanos empezaron a domesticar plantas y animales. La domesticación probablemente comenzó de manera accidental. Los primeros humanos comenzaron a cultivar ciertas especies de plantas, y de cada especie, probablemente desecharon las plantas que menos satisfacían sus necesidades, consumiendo aquellas que mejores características poseían. Las frutas más dulces y jugosas eran preferidas a las más amargas y secas, por lo que estas últimas probablemente no eran consumidas, mientras que las semillas de las primeras eran cultivadas. Las frutas producidas por las semillas adquirían las características de las plantas progenitoras. De igual manera los lobos menos agresivos, los que más ayudaban a los humanos en sus actividades de caza, guardia, diversión, fueron alimentados y cruzados con lobos de características parecidas, mientras que los lobos más agresivos y menos cooperadores eran repelidos, con lo que no se cruzaban con los primeros. Así los hijos de dichos lobos cooperadores se comportaban de manera similar a sus padres. De esta manera, poco a poco, los humanos empezaron a interferir en la supervivencia y reproducción de estas especies, mejorando la supervivencia y reproducción de aquellas plantas y animales que más los beneficiaban. En algún momento los humanos se dieron cuenta de este mecanismo y empezaron a seleccionar de manera mucho más planificada a las plantas y animales que utilizarían para la reproducción. De esta forma los seres humanos dieron origen a gran variedad de razas de animales domésticos, así como de plantas domésticas. Los lobos domesticados dieron origen a los perros actuales. Esto ocurrió de manera similar con caballos, llamas, gatos, cerdos, camellos, vacas, ovejas, abejas, y otras tantas especies animales. Otro tanto ocurrió con especies vegetales como el maíz, el arroz, el trigo, la soja, la avena, la cebada, el banano o cambur, la manzana, la yuca o mandioca, el tomate, y muchas otras.

Darwin y Wallace se dieron cuenta de que así como el ser humano puede modificar a las especies de plantas y animales seleccionando los especímenes que más le benefician, la naturaleza puede por sí misma seleccionar a las plantas y animales que mejor aprovechan sus recursos. Así como el humano puede escoger al lobo más amigable y laborioso para dar origen al perro doméstico, la naturaleza escoge al lobo más hábil sobreviviendo y reproduciéndose en el ambiente silvestre. De esta manera, el medio ambiente puede modificar la forma y el comportamiento de los seres vivos.

Una cantidad abrumadora de evidencias respaldan la teoría de la evolución. Estudios geológicos han confirmado la avanzadísima edad de nuestro planeta, con lo que el enorme tiempo de evolución de los seres vivos que esto permite, explica la gran complejidad y variedad en las especies. Gran cantidad de fósiles han permitido encontrar los antepasados comunes de especies que a nuestros ojos resultan muy diferentes. Simulaciones por computadora han permitido recrear la evolución a partir de pequeñas variaciones aleatorias durante grandes períodos de tiempo.

Sin embargo, la teoría de la evolución parece predecir un comportamiento egoísta de los seres vivos, y no un comportamiento altruista. Es importante resaltar que en biología un altruista es aquel que beneficia a otros perjudicándose él mismo al hacerlo. De existir seres egoístas y seres altruistas en una especie, los seres egoístas recibirán más beneficios que los seres altruistas, ya que los primeros recibirán ayuda de los altruistas, pero sin perjudicarse al no ofrecer ellos ninguna ayuda. Por esto, a largo plazo, los seres altruistas deberían extinguirse. Esto contradice el comportamiento de algunas especies, y en particular, el comportamiento de la gran mayoría de los seres humanos.

El amor de familia

Hay un caso particular en el que la teoría de la evolución, tal y como la entendieron Darwin y Wallace, explica acciones altruistas en animales, y es el caso de las acciones altruistas de padres a hijos. Este altruismo es predecible ya que animales que benefician a sus hijos, están en realidad mejorando su propia reproducción.

Pocos años después de los trabajos de Darwin y Wallace sobre la selección natural, Gregor Mendel logró descifrar el mecanismo mediante el cual los seres vivos adquieren las características de sus progenitores. Este mecanismo está basado en la existencia de ciertas unidades en los seres vivos que contienen la información sobre las características de cada uno. Estas unidades serían denominadas genes. En años más recientes los genes fueron identificados como partes de una larguísima molécula denominada ADN (ácido desoxirribonucleico). En dicha molécula está codificada la información sobre las características intrínsecas de un ser vivo. Los genes determinan diversas características del ser, como la forma de su cuerpo, color, tamaño, desarrollo y comportamiento. Este descubrimiento permitiría posteriormente explicar acciones altruistas no sólo entre padre e hijos, sino entre otros individuos con lazos de parentesco.

Animales como las abejas y las hormigas, los cuales presentan uno de los comportamientos altruistas más sorprendentes dentro del reino animal, dieron pie a la teoría de la selección de parentesco, desarrollada por W. H. Hamilton en los años sesenta [Hamilton 1964a] [Hamilton 1964b]. Esta teoría explica cómo puede resultar exitoso un comportamiento altruista si este comportamiento va dirigido a los parientes cercanos de un individuo. Esto se debe a que los parientes cercanos tienen altas probabilidades de parecerse entre sí, por lo que un comportamiento altruista entre parientes implica probablemente un comportamiento altruista entre altruistas. De esta manera los seres egoístas son discriminados, recibiendo menos beneficios de las acciones altruistas, mientras que los seres altruistas reciben grandes beneficios de la ayuda mutua. Esta teoría predice acciones altruistas en especies en donde conviven individuos con estrechos lazos de parentesco. Tal es el caso de las abejas y hormigas, cuyo particular método de reproducción implica un parentesco muy marcado entre las obreras de las colonias.

Una manera más sencilla de entender el altruismo que predice la selección de parentesco es considerar que la selección natural ocurre a nivel de los genes, y no a nivel de los individuos. Son los genes los que son seleccionados por el ambiente, y esto no siempre corresponde a seleccionar individuos (aunque en muchos casos sí corresponde). Este es el enfoque propuesto por Richard Dawkins en su libro, "The Selfish Gene" (El gen egoísta) [Dawkins 1976]. Podemos ver la acción altruista de manera metafórica como la acción egoísta de un gen que se ve a sí mismo en otro individuo. La acción de una hormiga que se sacrifica para proteger a las larvas de su hormiguero, puede ser vista como la acción de un gen que se protege a sí mismo, ya que se encuentra presente tanto en la hormiga como en la larva. La larva además tiene la posibilidad de convertirse en una hormiga reina y reproducirse, mientras que la hormiga obrera es estéril, por lo que el gen se protege mejor a sí mismo protegiendo a la larva.

La selección de parentesco puede también ser una explicación a la evolución de organismos unicelulares hacia organismos pluricelulares. De la misma manera que el fuerte parentesco puede explicar comunidades de hormigas estériles y altruistas en donde la reproducción está asegurada por ciertas casta especializada de hormigas (hormigas reinas y reyes), también puede explicar la existencia de comunidades de células estériles y altruistas, en donde la reproducción está asegurada por ciertas células especializadas (espermatozoides y óvulos). En efecto organismos primitivos como las esponjas marinas están a medio camino entre colonias de organismos unicelulares, y organismos pluricelulares.

La selección de parentesco parece explicar de manera más que convincente las acciones altruistas que diversos animales, incluyendo los seres humanos, realizan a favor de sus familiares. Sin embargo no explica cómo los seres humanos pueden sentir respeto, compasión, y cariño por personas poco emparentadas, y llegar a realizar sacrificios y acciones heroicas en favor de personas desconocidas.

La evolución y los cambios tecnológicos

Una explicación bastante simple a los actos altruistas entre personas poco emparentadas, es considerar que los mecanismos desarrollados de manera evolutiva para identificar a los parientes, pueden no ser lo suficientemente sofisticados como para evitar acciones altruistas entre individuos parecidos a los parientes. Si los seres humanos evolucionaron en ambientes en los que estaban permanentemente rodeados de familiares, entonces considerar a cualquier persona cercana como un pariente pudo ser un mecanismo efectivo de identificación. Los conocimientos actuales que tenemos sobre las sociedades primitivas de humanos confirman el hecho de que los seres humanos vivieron en sociedades conformadas por clanes familiares. Los cambios bruscos que ha producido el desarrollo tecnológico de los seres humanos ha dado como resultado numerosos casos en los que comportamientos desarrollados de manera evolutiva tienen consecuencias irrelevantes o desventajosas desde el punto de vista de la selección natural.

El miedo que puede producir una película de terror o de suspenso tiene muy poca utilidad para la supervivencia y reproducción de una persona, sin embargo ese mismo miedo es producto de las ventajas que representó y representa para nuestros genes el miedo a animales peligrosos, a individuos agresivos, a la oscuridad, o a la soledad. El placer que produce una relación sexual con anticonceptivos poca utilidad tiene para la reproducción de las personas, sin embargo ese placer existe debido a las ventajas que produjo (y todavía produce) en la reproducción de las personas. El goce que puede producir el consumo de grandes cantidades de comida puede ser hoy en día perjudicial para la supervivencia de una persona, sin embargo este goce pudo ser muy útil en el ambiente de escasez en el que evolucionaron los seres humanos. Y así podemos encontrar muchos otros ejemplos en los que características que surgieron por las ventajas evolutivas que representaron dan pie, debido al cambio brusco del medio ambiente producido por la tecnología, a situaciones poco ventajosas desde el punto de vista evolutivo.

Siguiendo este argumento el afecto que puede sentir una madre o un padre por un hijo adoptivo, no representa una ventaja en cuanto a su reproducción, pero este afecto existe debido a las ventajas reproductivas que representa para la mayoría de las personas el cuidar a sus descendientes (casos de adopciones pueden encontrarse en animales, e incluso entre animales de diferentes especies). Y así muchas acciones altruistas pueden encontrar su explicación en el efecto que los cambios bruscos producidos por la tecnología tienen en los mecanismos desarrollados por la evolución.

La ayuda mutua

A principios del siglo XX, el anarquista ruso Pyotr Kropotkin publica su libro "El apoyo mutuo: un factor en la evolución" [Kropotkin 1914]. En éste Kropotkin defendía la tesis de que el apoyo entre individuos y especies para la supervivencia es un factor de gran importancia en la evolución. Si bien muchos de los argumentos de Kropotkin son desestimados hoy en día, ya que muchas de las suposiciones científicas en las que se basó han sido desmentidas, también es muy difícil negar que el apoyo mutuo es una característica presente en innumerables grupos de organismos vivientes.

Kropotkin hubiera quedado maravillado por la actual teoría endosimbiótica, propuesta en los años sesenta por Lynn Margulis [Sagan 1967]. Dicha teoría propone una explicación al complejo funcionamiento de las células de muchos seres vivos, compuestas por numerosos organelos especializados en funciones bastante diferentes. Esta explicación consiste en suponer la asimilación (como por ejemplo mediante fagocitosis, lo cual podemos entender coloquialmente como una célula comiéndose a otra) de bacterias u organismos similares, por parte de células de mayor envergadura, dando como resultado la formación de un sistema simbiótico, en el que la célula anfitriona se beneficia de las reacciones químicas realizadas por las bacterias huéspedes, mientras que las bacterias huéspedes se benefician de la protección y el alimento garantizado por la célula anfitriona. Un ejemplo serían las mitocondrias, organelos que se encargan de producir energía a partir de la glucosa y el oxígeno proporcionado por la célula. La teoría endosimbiótica se ve fuertemente respaldada debido a que hoy en día sabemos que las mitocondrias tienen un ADN propio, diferente del ADN ubicado en el núcleo de las células humanas (o animales, o vegetales), tienen reproducción propia, similar a la de las bacterias, y además por la existencia de bacterias muy similares a las mitocondrias pero cuya vida se desarrolla fuera de las células. De manera que probablemente cada persona, cada animal, cada planta, es en realidad una compleja comunidad de microorganismos en donde la ayuda mutua es esencial para su funcionamiento y preservación.

Pero quizás Kropotkin se hubiera maravillado aún más con el enfoque del gen egoísta, en el que toda molécula de ADN puede ser vista como producto del trabajo cooperativo de diversos genes, los cuales no podrían reproducirse sin los aportes de cada uno. En efecto, la simbiosis, la cooperación y el apoyo mutuo son completamente compatibles con la noción del gen egoísta.

Muchos sentimientos y normas éticas y morales tienen probablemente su origen en las ventajas evolutivas que representa la cooperación y la ayuda mutua entre individuos.

La teoría de juegos

La teoría de juegos surge como disciplina científica durante los años veinte gracias a los aportes del húngaro John Von Neumann. Esta disciplina estudia mediante modelos matemáticos el comportamiento de sistemas en los que existen diferentes "jugadores" con decisiones independientes, conflictivas o cooperativas. La teoría de juegos es muy utilizada en la economía para estudiar la competencia y la cooperación tanto de individuos como de estados y corporaciones. Además tiene aplicaciones en la política, la guerra, la computación, y otras áreas entre las que destaca la biología [Maynard Smith 1982]. La teoría de juegos aplicada a la biología ha permitido explicar ciertos comportamientos en animales, comportamientos que la mayoría de nosotros relacionamos al concepto de justicia.

El dilema del prisionero es uno de los "juegos" que más ha sido estudiado en el ámbito de la teoría de juegos. Este juego es frecuentemente explicado utilizando como ejemplo el caso de dos prisioneros que fueron atrapados por ser sospechosos de un delito. La siguiente situación se les presenta: cada uno puede callar (cooperar), o delatar a su compañero (traicionar). Si ambos callan, ambos obtendrán una condena leve. Si uno delata y el otro calla, el delator saldrá libre, mientras que el que calló obtendrá la pena de muerte. Si ambos delatan ambos obtendrán cadena perpetua. El dilema está en que la opción racional es delatar, ya que en el caso de que el otro calle, es mejor salir libre que obtener una condena leve, y en el caso de que el otro delate, es mejor obtener cadena perpetua que pena de muerte. Sin embargo si ambos actúan racionalmente, obtendrán cadena perpetua, habiendo podido ponerse de acuerdo para obtener una condena leve.

Este juego ha sido utilizado para explicar numerosos comportamientos complejos en diversas áreas de estudio, como la formación de carteles y oligopolios en la economía, la formación de estados e instituciones, pactos militares, etc... En biología evolutiva, los pagos o castigos corresponden a la pérdida o ganancia en la probabilidad de reproducirse. Por ejemplo, el dilema del prisionero puede presentarse en el combate de dos animales por el control de un recurso (comida, pareja, territorio). En este caso si ambos deciden no enfrentarse (cooperar) entonces ambos pueden utilizar una fracción del recurso (la mitad para cada uno por ejemplo) sin recibir ningún daño del enfrentamiento. Si uno decide huir (cooperar) y el otro opta por el enfrentamiento (traicionar), entonces el animal que ha huido no obtiene ningún recurso, mientras que aquel que opta por el enfrentamiento obtiene todo el recurso sin recibir daños. Si ambos deciden enfrentarse, recibirán una fracción de los recursos pero además resultarán afectados por posibles heridas producto del enfrentamiento. El mismo dilema se presenta en este caso, a pesar de que el enfrentamiento es la decisión más racional si cada uno la analiza por separado, es también una decisión que no es óptima y que sería superada por decisiones más cooperativas.

En organismos complejos el dilema del prisionero ha sido estudiado en su versión iterada, es decir, es una versión en la que los jugadores repiten el juego una y otra vez, recibiendo pagos o castigos más o menos grandes dependiendo del resultado de cada juego, y en donde sus decisiones dependen de los juegos previos (o dicho de otro modo, los jugadores tienen memoria). Dada la complejidad de estos juegos (debido al número de iteraciones y de jugadores) los análisis se han realizado mediante simulaciones por computadora. En estas simulaciones, diversas estrategias para el dilema del prisionero iterado son puestas ha prueba, compitiendo entre sí por el mayor éxito reproductivo. Algunas de estas estrategias son muy simples, por ejemplo "siempre cooperar", o "siempre traicionar". Otras estrategias dependen de los juegos pasados entre los mismos jugadores. Por ejemplo, una estrategia podría ser responder de forma contraria a la decisión de los otros jugadores, traicionando a los jugadores que hayan cooperado, y cooperando con jugadores que hayan traicionado. La famosa ley del talión: ojo por ojo, diente por diente, es una estrategia en la que un jugador comienza cooperando, y continuará cooperando con los jugadores que también cooperen, traicionando a los jugadores que hayan traicionado, con diferentes grados de "venganza" y "perdón". Estrategias basadas en la ley del talión han mostrado ser de las más efectivas cuando los jugadores tienen altas probabilidades de volver a encontrarse. De hecho la estrategia más exitosa de todas es aquella en la que el jugador recurre a la venganza sólo una vez, cooperando en el principio, traicionando una vez que ha sido traicionado, pero volviendo a cooperar después de la traición. Se trata de una estrategia levemente vengativa.

Estas simulaciones muestran que la noción de justicia más común entre los seres humanos tiene una explicación evolutiva. Sentimientos como la venganza y la compasión son los mecanismos mediante los cuales nuestros genes ponen en práctica una estrategia exitosa de reproducción.

Rastros evolutivos de la justicia

La evolución implica pequeños cambios que se van acumulando en el tiempo hasta producir las grandes diferencias que existen entre las especies. Si realmente nuestros sentimientos, nuestra moral y nuestra ética son el producto de la evolución, deben existir rastros de esta evolución en los antepasados de los seres humanos, así como en los animales más emparentados con nosotros. Por otro lado, la identificación de parientes y el recuerdo de los "dilemas del prisionero" jugados con otros individuos implican cierto nivel mínimo de memoria y análisis por parte de los individuos, lo cual puede explicar el por qué las nociones de justicia que poseen los humanos parecen no existir en los organismos más simples.

El estudio de nociones de justicia en animales está desarrollándose actualmente, por lo que es prematuro considerar dichos estudios como pruebas sobre los rastros evolutivos de la moral y la ética, sin embargo no dejan de ser llamativos e incentivan futuras investigaciones. Uno de los aspectos estudiados en animales, relacionados con nuestra noción de justicia, es la llamada "aversión a la inequidad". Entre humanos, uno de los conceptos más relacionados con la justicia, es la igualdad, por lo que existe cierta aversión a las situaciones en donde no existe igualdad de condiciones. Esto ha sido estudiado por sociólogos, psicólogos y economistas, entre los que destacan el suizo Ernst Fehr [Fehr & Schmidt 1999], quien ha puesto a prueba el modelo de homo economicus, utilizado por economistas ortodoxos, en el que las personas simplemente desean maximizar sus ganancias, sin importar la desigualdad con respecto a las ganancias de otras personas. Experimentos con chimpancés [Brosnan 2004], monos capuchinos [van Wolkenten 2007], y perros [Range et al. 2008], parecen indicar la presencia de comportamientos que reflejarían una aversión a la inequidad. En estos experimentos los animales son recompensados, generalmente con alimentos, a cambio de algún objeto o de alguna acción (como dar la pata en caso de los perros). Las recompensas pueden ser de mayor o menor valor para los animales. En estos experimentos se han estudiado las reacciones de los animales a las variaciones en las recompensas para una misma tarea. El resultado es que los animales reaccionan de manera bastante positiva (continúan realizando las tareas) para recompensas de diferente valor, siempre que ambos reciban la misma recompensa. Sin embargo, cuando uno recibe menos recompensa que otro, así ambas recompensas sean de bastante valor, entonces el animal "discriminado" empieza a comportarse de manera negativa, dejando de realizar la tarea e incluso mostrando agresividad hacia los experimentadores. La explicación evolutiva detrás de estos comportamientos puede encontrarse en el hecho de que en una comunidad de animales en donde existe trabajo cooperativo, recibir menos recompensa que otro animal implica generalmente que se está haciendo un trabajo del que otros se están beneficiando, lo cual es obviamente desventajoso desde el punto de vista evolutivo. De esto podemos suponer que la aversión a la inequidad probablemente no esté presente en especies en donde no existe trabajo cooperativo (de ahí que los experimentos apuntan por ahora a animales sociables, como simios, monos y perros).

Como vemos, sentimientos como la envidia, la humillación, la injusticia, y comportamientos en contra de la explotación y la desigualdad, pueden tener su origen en la evolución de las especies.

El alma, ¿natural o sobrenatural?

Implícito en los argumentos de este artículo está el hecho de que nuestros sentimientos son básicamente innatos. Si bien su aparición, inhibición e intensidad puede ser influenciada por las experiencias y el aprendizaje, parece extremadamente probable que las bases de dichos sentimientos residan en nuestros genes. De ser así, muchas de las características que la religión le otorga a un alma sobrenatural, serían en realidad características de un alma bastante natural, una alma constituida en un principio por los genes, y moldeada a través de la experiencia. Del campo de la neurología y la psicología también han surgido indicios que respaldan la noción del alma natural.

En su libro "Descartes’ Error" (el error de Descartes) el neurólogo Antonio Damasio [Damasio 1994] expone varios argumentos a favor de una mente racional en la que los sentimientos juegan un papel esencial, en oposición al racionalismo de Descartes, en el que los sentimientos sólo obstruyen el razonamiento. Para respaldar sus argumentos, Damasio presenta numerosos casos de pacientes que han recibido lesiones en su cerebro, lesiones que, dependiendo de la zona del cerebro afectada, tienen diferentes repercusiones en los sentimientos del paciente. Damasio muestra de manera bastante convincente, que los pacientes cuyos sentimientos han sido afectados, también se comportan de manera bastante irracional. Quizás sin querer (no se refiere a esto directamente) Damasio ha desmentido muchos mitos religiosos sobre el alma sobrenatural.

¿Cuántos de nosotros no hemos escuchado historias de almas que se elevan hacia el cielo, o de la vida después de la muerte, o de reencarnaciones? Todas estas historias suponen que existe algo llamado alma, donde reside la esencia de nuestros sentimientos, de nuestra manera de ser, de nuestra personalidad, y que esta alma es prácticamente indestructible (o al menos mucho menos vulnerable que el cuerpo), por lo que puede sobrevivir a la muerte de la persona, o incluso a varias muertes (después de respectivas reencarnaciones). Y así hay historias de personas que al volver de la muerte, relatan sueños en donde ven una luz al final del túnel; sueños en los que las personas parecen observarse (uno se preguntaría con qué ojos) a sí mismas desde afuera de su cuerpo, etc...

Pero los casos que muestra Damasio más bien muestran un alma muy vulnerable, que se ve afectada con lesiones en el cerebro, y que incluso posee una estructura bastante física, en el sentido de poseer diversos módulos diferenciables por su ubicación en el sistema nervioso. ¿Cómo puede explicar la religión que una persona pierda sus sentimientos por una lesión en el cerebro? ¿quizás dicha lesión le ha extraído su alma sobrenatural, por lo que es una especie de cuerpo carente de alma? Pero entonces ¿cómo puede explicar la religión que una persona no pierda todos sus sentimientos, sino sólo algunos? ¿Se trata acaso de que el alma se ha partido en dos, una de las partes permanece dentro de la persona, y la otra afuera? ¿Pero entonces como puede ser juzgada dicha persona, cual de las partes del alma irá al cielo, cuál al infierno? ¿Al morir la persona vuelven a reunirse las partes?

Más coherente con los casos expuestos por Damasio que la noción de un alma incorpórea e indestructible, es la noción del alma como un complejo órgano de la mente, parte esencial de su funcionamiento, y que le permite tomar decisiones haciendo una ponderación de los diferentes escenarios previsibles. Esto también es coherente con la teoría computacional de la mente respaldada por el psicólogo Steven Pinker [Pinker 1997], en la que la mente puede ser vista como un sistema de tratamiento de información extremadamente complejo, y que fue moldeado por la evolución.

Los objetivos de los genes no son nuestros objetivos

Si bien es bastante probable que nuestra moral y nuestra ética sean propiedades de nuestra mente, cuyas bases fueron generadas por nuestros genes debido a las ventajas evolutivas que éstas representaron para éstos, es importante decir que los objetivos de los seres humanos no corresponden a los objetivos de nuestros genes. De hecho hablar de los objetivos de los genes es una simple metáfora que permite entender fácilmente diversos aspectos de la evolución, pero que es, rigurosamente hablando, falsa. Los genes no tienen objetivos, ya que los objetivos son nociones que poseen seres con avanzados sistemas de tratamiento de la información como los seres humanos y algunos animales (probablemente simios, elefantes, delfines), cosa que no poseen trozos de molécula de ADN. Pensar que nuestras acciones deben corresponder a lo más ventajoso desde el punto de vista evolutivo es una desafortunada consecuencia de la ignorancia mezclada con la teoría de la evolución. Los seres humanos tenemos el objetivo de ser felices, y este objetivo es consecuencia de un mecanismo llamado evolución, mecanismo que no tiene ningún objetivo. Entonces muchas veces las acciones que aumentan la felicidad de las personas corresponden con las acciones que aumentan la supervivencia de nuestros genes. Pero en ciertas ocasiones las acciones que aumentan nuestra felicidad no aumentan la supervivencia de nuestros genes, y no hay ninguna razón para no realizar dichas acciones, de todas formas, a los genes (como a cualquier pedazo de molécula) poco les importa. El hecho de que emocionarnos al ver una película, disfrutar de la música, usar anticonceptivos, ayudar a un extraño, no aumente las probabilidades de supervivencia de nuestros genes, no es ninguna razón para dejar de hacer estas actividades; el hecho de que produzcan felicidad es suficiente para seguir realizándolas.

Referencias

[Brosnan 2004] Brosnan, S.F. (2004). "Tolerance for inequity may increase with social closeness in chimpanzees" (subscription required). Proceedings of the Royal Society on Biological Sciences 272 (1560): 253–8. doi:10.1098/rspb.2004.2947. PMID 15705549. http://userwww.service.emory.edu/~sbrosna/Manuscripts/Brosnan%20PRSL%202005.pdf.

[Damasio 1994] Damasio, Antonio. (1994) "Descartes’ Error: Emotion, Reason, and the Human Brain", Putnam Publishing, hardcover: ISBN 0-399-13894-3

[Darwin 1859] Darwin, Charles, (1859) "On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life" (1st ed.), London: John Murray, http://darwin-online.org.uk/content/frameset?itemID=F373&viewtype=text&pageseq=1, retrieved 2009-01-09

[Dawkins 1976] Dawkins, Richard (1976). "The Selfish Gene". New York, New York: Oxford University Press. p. 15. ISBN 0192860925.

[Fehr & Schmidt 1999] Fehr, Ernst & Schmidt, Klaus M. (1999) "Theory Of Fairness, Competition, And Cooperation". The Quarterly Journal of Economics, MIT Press, vol. 114(3), pages 817-868, August

[Hamilton 1964a] Hamilton, W.D. (1964) "The Genetical Evolution of Social Behaviour. I". Journal of Theoretical Biology 7 (1): 1–16. doi:10.1016/0022-5193(64)90038-4. 

[Hamilton 1964b] Hamilton, W.D. (1964) "The Genetical Evolution of Social Behaviour. II". 1964. Journal of Theoretical Biology 7 (1): 17–52. doi:10.1016/0022-5193(64)90039-6.

[Kropotkin 1914] Kropotkin, Piotr. (1955) "Mutual Aid: A Factor of Evolution" paperback (reprinted 2005), includes Kropotkin’s 1914 preface, Foreword and Bibliography by Ashley Montagu, and The Struggle for Existence, by Thomas H. Huxley ed.). Boston: Extending Horizons Books, Porter Sargent Publishers. ISBN 0-87558-024-6.

[Maynard Smith 1982] Maynard Smith, John. (1982)." Evolution and the Theory of Games". Cambridge University Press. ISBN 0-521-28884-3

[Pinker 1997] Pinker, Steven. How the Mind Works. New York, Norton. 1997. ISBN 0713992409.

[Range et al. 2008] Range, Friederike; Horn, Lisa; Viranyi, Zsófia; Huber, Ludwig. (2008) "The absence of reward induces inequity aversion in dogs" Proceedings of the National Academy of Sciences.

[Sagan 1967] Sagan, Lynn (1967). "On the origin of mitosing cells". J Theor Bio. 14 (3): 255–274. doi:10.1016/0022-5193(67)90079-3. PMID 11541392.

[van Wolkenten 2007] van Wolkenten, Megan; Brosnan Sarah, F.; de Waal Frans, B. M. (2007). "Inequity responses of monkeys modified by effort". Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America 2007;104(47):18854-9.


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