De dos nacimientos y una disolución

Nuevo comunicado del ex-Colectivo de solidaridad con la rebelión zapatista
Sábado 25 de abril de 2009
por  robot
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Barcelona, 23 de abril de 2009

Carta pública del Col.lectiu de Solidaritat amb la Rebel.lió Zapatista de Barcelona sobre su proceso de disolución y reconstrucción

De dos nacimientos y una disolución

Poco después del alzamiento del EZLN en 1994, gentes de diferentes procedencias, y maneras de ver y hacer, como muchas otras personas y organizaciones en Barcelona y en el mundo, vimos en la rebelión zapatista de Chiapas un ¡Ya Basta! compartido frente al mundo que nos tocaba vivir.

Así nació el Col.lectiu de Solidaritat amb la Rebel.lió Zapatista de Barcelona (CSRZ), un espacio de unión y encuentro en la búsqueda de nuevas formas incluyentes de hacer política, en la construcción de consensos en común, una apuesta por la autonomía de los movimientos y la renuncia a cualquier tipo de relación de poder y con el poder.

Tras un período en el que el CSRZ forma parte de las plataformas de solidaridad con la rebelión zapatista, se constituye como un instrumento específico que desde el principio trabaja en una doble dirección: por un lado la solidaridad con las comunidades rebeldes y, por otro, el impulso en nuestro territorio de nuevos espacios políticos autónomos. El resultado de todo ello se puede resumir en que a lo largo de estos años cientos de personas han participado en el colectivo y miles se han acercado a las comunidades indígenas utilizándolo como puente para así establecer a su vez formas autónomas y directas de relación.

Con ilusión y buena voluntad, hemos caminado estos años aprendiendo de nuestras equivocaciones y de las relaciones fraternas que, desde la autonomía de cada uno y cada una, se han ido estableciendo con todas aquellas personas y organizaciones que así lo han querido en todos los lugares del mundo. Con errores y aciertos, hemos intentado huir del sectarismo y de la solidaridad entendida como mero asistencialismo, buscando el saber y la acción comunes, la autogestión y la independencia política y económica de cualquier tipo de poder.

No ha sido fácil: en asamblea discutimos apasionadamente entre nosotros y nosotras, decidimos por consenso y asumimos de forma responsable nuestras decisiones colectivas, aprendiendo, sin otras aspiraciones que cambiar el mundo al mismo tiempo que cambiamos nosotros mismos, mirándonos en el espejo de todos los que se rebelan y resisten, y en el de nuestra propia memoria.

Y no siempre han sido posibles los consensos y por eso ha habido personas que, aún sintiéndose zapatistas, han abandonado el Colectivo.


En agosto de 2008 el Subcomandante Insurgente Marcos realiza unas durísimas declaraciones contra la actuación de la Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos (CCIODH) en su visita a Chiapas.

La CCIODH desde su fundación ha sido una iniciativa compartida por las redes zapatistas como un instrumento de intervención de la sociedad civil para denunciar las violaciones de los derechos humanos individuales y colectivos. Durante las visitas realizadas a Chiapas (1998, 1999, 2002 y 2008), Atenco (2006-08) y Oaxaca (2006-08) la CCIODH ha sido una apuesta no neutral y comprometida con la verdad por la defensa y la solidaridad con los de abajo.

El CSRZ ha impulsado desde 1998 las actividades de la CCIODH en México, asumiendo con frecuencia las labores de portavocía. Entendemos que los errores que se han producido durante las diferentes visitas no pueden poner en cuestión la buena voluntad, el compromiso y el trabajo de la Comisión. Por esta razón, tras estas declaraciones, solicitamos en septiembre de 2008, desde la relación fraternal que hasta entonces habíamos mantenido, una entrevista a la Comandancia del EZLN. Esta solicitud no fue contestada.

En enero de este año, después del Festival de la Digna Rabia, un miembro del CSRZ fue citado en la Garrucha para mantener una entrevista personal. Allí escuchó por boca de la Comandancia, sin poder hablar, lo que se pensaba de su actuación desde hacia ya largo tiempo, poniendo en cuestión su trabajo en relación con las comunidades y la rebelión.

Pocos días después, en asamblea, decidimos el inicio de nuestro proceso de disolución como Col.lectiu de Solidaritat amb la Rebel.lió Zapatista. El motivo de la disolución fue entender que, por nuestra parte, esa era la única forma posible de asumir y hacernos responsables en común de todas las decisiones que siempre han sido tomadas colectivamente; pero también porque entendemos que las relaciones se establecen desde la libertad y el respeto mutuo y creímos necesario, cuanto menos, marcar un antes y un después a esa pérdida de confianza, haciéndola pública e iniciando a continuación un profundo proceso de reflexión interna.


En el comunicado de disolución, el CSRZ reafirmaba su compromiso de apoyo a las comunidades zapatistas en resistencia.

Durante los últimos meses, hemos revisado y cuestionado elementos como la relación que hasta el momento el CSRZ había mantenido con el EZLN, como referencia de la acción cotidiana de nuestro colectivo; las relaciones existentes entre las diferentes estructuras de la rebelión, los vasos comunicantes que las unen; nuestra conexión y trabajo con el zapatismo civil, y con las redes zapatistas internacionales también han sido objeto de reflexión y tenido su espacio en el debate.

A día de hoy queremos confirmar que, con los matices de cada cual, la rebelión zapatista, vista en su conjunto, sigue siendo un camino válido para construir una alternativa social autónoma desde abajo y por abajo.

Y es la construcción de esta alternativa política la razón por la que el colectivo de Barcelona ha apoyado la rebelión durante los últimos 15 años, más allá de los lazos personales que el tiempo ha permitido que se dieran aquí y allá. Apoyo político que se ha traducido en un seguimiento constante de la situación de Chiapas, la convocatoria de actos y manifestaciones, la edición y distribución de material, el envío de recursos, la construcción de una red de distribución de café rebelde en el Estado Español, el poner en contacto a campamentistas con las comunidades y el impulso de las distintas visitas de la CCIODH, además del apoyo a otras luchas en México como Oaxaca y Atenco.

En el CSRZ entendemos la solidaridad como un objetivo político, como una relación fraternal, no como usura. Nuestro objetivo ha sido aportar nuestro grano de arena al sostenimiento de una rebelión que se construye día a día como nosotros mismos entendemos que deben construirse las cosas: cambiando el mundo sin tomar el poder.

Como toda construcción tiene sus contradicciones y sus errores, especialmente si las comunidades se ven acosadas por una guerra subterránea y , en este momento especialmente silenciosa, que pretende socabar su base social y territorial. El mismo EZLN ha reconocido "fallas" en la construcción de la autonomía. Corresponde a los zapatistas encontrar la manera de enmendarlas y superarlas, precisamente porque son ellos los que la ejercen y ponen la vida en ello.

Y es desde ese respeto a la autonomía de cada uno que nosotros queremos reivindicar la nuestra: autonomía para organizarnos, para tomar nuestras propias decisiones, para hablar o para guardar silencio. Autonomía y también respeto: respeto al diferente, tanto cuando asiente como cuando disiente. Y respeto quiere decir argumentar, hablar, escuchar, comprender, identificar los problemas con ánimo de resolverlos, nunca descalificar se identifique o no a quien se descalifica.

Muchas personas nos hemos acercado a la realidad de Chiapas y en concreto a la de las comunidades en resistencia con ojos en ocasiones equivocados. Muchas también han sabido rectificar esa mirada al encontrarse con una realidad muy compleja y, sobre todo, muy distinta a la suya propia. Poco podremos entender de esa realidad si no somos capaces de prescindir un poco de nuestra cultura, de nuestros valores. Algunas han conseguido traspasar ese espejo, otras no. Pero tampoco hay que olvidar que no hay realidades superiores a otras, que no hay ópticas universales para entender las diferentes realidades, que ni siquiera la superioridad moral que le reconocemos a la gente que resiste les otorga la capacidad superior para interpretar realidades que, de hecho, desconocen. Creemos que el entendimiento, la comunicación, la crítica constructiva requieren el esfuerzo, nunca fácil, de adentrarse en la realidad del otro con otros ojos. El conocimiento directo de las luchas y sus actores entre si, ayuda a la mutua comprensión, evita malos entendidos, sobreentendidos y manipulaciones.

Cabe preguntarse cómo circula la información y comunicación (los espejos donde mirarnos) entre los colectivos y la rebelión y si esa comunicación es verdaderamente efectiva en ambos sentidos.


La pérdida de confianza hacia el CSRZ manifestada por la Comandancia del EZLN ha sido un duro golpe para todas nosotras y todos nosotros, un golpe que, más allá de lo político, ha afectado en lo personal a cada una y cada uno.

El proceso iniciado tras el anuncio de disolución ha estado marcado, en consecuencia, por el dolor del desencuentro con una organización considerada hermana durante 15 años, pero también por la constatación de que la nueva situación generaba en el seno del grupo la ruptura de una serie de consensos básicos mantenidos durante años.

El proceso ha sido, todavía lo es, un proceso de reconstrucción de consensos internos a través de la reafirmación de nuestra identidad política como grupo más allá de nuestras relaciones con la rebelión chiapaneca.

Desde nuestra identidad política, las preguntas que hemos estado discutiendo han sido muchas: Seguimos ¿recreando la práctica y el discurso zapatista a nuestra realidad concreta? ¿practicándolo entre nosotros y nosotras y trabajando con otras luchas desde esas formas? ¿apoyando la formación de redes horizontales basadas en el respeto y el apoyo mutuo y sin centros rectores? ¿autogestionándonos y autofinanciándonos? ¿creyendo que sólo se pueden construir alternativas desde la diferencia? ¿apoyando a otras luchas de nuestro entorno e impulsando nuevos espacios políticos incluyentes que trabajen de forma horizontal y autónoma?

En definitiva, a la pregunta de si seguimos siendo zapatistas, si seguimos compartiendo las formas de ver y hacer que nos han caracterizado durante los últimos 15 años, la respuesta de todos y todas ha sido un rotundo sí.

Y es a partir de este consenso básico sobre el que hemos decidido afrontar el proyecto de reconstrucción de nuestro colectivo.


En este sentido podemos decir que la nueva situación ha supuesto para cada persona en lo individual y para todos y todas en lo colectivo un golpe y una oportunidad. Un golpe que ha removido formas de hacer que hacía tiempo no revisábamos. Y en eso mismo reside la oportunidad: detenernos para preguntarnos hacia dónde y de qué forma queremos seguir caminando juntos, cuál puede y debe ser nuestro papel en las luchas locales, cuál puede y debe ser nuestras relación con la rebelión de las comunidades zapatistas, cuál puede y debe ser nuestra participación en las redes y los movimientos en lo global.

Y queremos hacerlo desde el reconocimiento de que las fuerzas -las de los movimientos en general y las nuestras en particular- son más bien escasas, especialmente en estos momentos. Hay personas en el colectivo que, desde el respeto, han manifestado sus dudas sobre el sentido de la reconstrucción, igual que otros han decidido no seguir.

Por eso creemos que es importante retomar un mensaje básico que los zapatistas lanzaron en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona: buscar todo aquello que nos une más allá de todo lo que nos diferencia para establecer relaciones de iguales, siempre abajo y a la izquierda.

Con esa mirada el proceso será, está siendo, difícil, pero sin ella el acuerdo de reconstrucción colectiva que hemos tomado hubiera sido completamente imposible.

Con estas limitaciones, queremos compartir con todos y todas las líneas de trabajo que son la base sobre la que estamos discutiendo la reconstrucción:

- Explorar caminos para seguir apoyando a las comunidades en resistencia, desde abajo y por abajo, con mutuo respeto de la autonomía de cada uno.

- Explorar maneras para continuar haciendo de puente entre nuestra realidad y la rebelión.

- En lo local, seguir trabajando para abrir nuevos espacios políticos incluyentes, apoyar las luchas y resistencias de nuestro entorno.

- Contribuir al fortalecimiento de la red para difundir las formas de ver y hacer política que han caracterizado al zapatismo.

Queremos, pues, deciros a todos y todas que aquí seguimos, reivindicando nuestra identidad política como zapatistas y asumiendo la responsabilidad que esta apuesta política conlleva.

Es por eso que rompemos el silencio: para continuar cuestionándonos y cuestionando, para decir que seguimos caminando y preguntando desde lo local a lo global, en colectivo, desde la autonomía y la autogestión, desde lo asambleario y lo horizontal, desde la idea y la acción, desde la humildad, sin renunciar a ser nosotros mismos.

Y compartiéndolo.



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