La Margarita que floreció en el norte

De la comodidad burguesa a la lucha proletaria
Martes 29 de diciembre de 2015
por  OLEP
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Muchas historias se cuentan acerca de la revolución mexicana. Todos hemos escuchado de los hombres y mujeres que se enfrentaron con valentía al opresor: Villa, Zapata y Flores Magón. Sin embargo, pocos conocen qué rostros del pueblo estaban detrás (o delante) de estos personajes tan ilustres que aún el día de hoy llenan las carátulas de noviembre en las primarias del país.

En esta ocasión hablaremos de una mujer olvidada, oriunda de una región de nuestro país que es fronteriza con los Estados Unidos (EU), quien se sumó a las filas del Partido Liberal Mexicano (PLM) allá por 1910 para combatir del lado del pueblo trabajador en contra de la tiranía porfirista; digna representante de los ideales emancipadores de nuestro pueblo llevados hasta las últimas consecuencias: Margarita Ortega.

Margarita fue una mujer que, como otros tantos militantes del PLM, nació en cuna burguesa, en una familia acaudalada de Mexicali. A pesar de lo anterior, y también gracias a ello, se dio cuenta de las enormes diferencias entre su vida y la de aquellos quienes generaban la riqueza. Así, en 1910 conoció las ideas socialistas-anarquistas propagadas por los integrantes del PLM, quienes expresaban el clamor de un pueblo por alcanzar su verdadera soberanía y libertad.

Margarita se unió a Fernando Palomares, Camilo Jiménez y Pedro Ramírez Caule en su tarea propagandística alrededor de la península bajacaliforniana durante el enredado fin de año de 1910. Su labor fue tan ardua que para el 29 de enero de 1911 un grupo de 19 combatientes, entre militantes del PLM, rancheros e indígenas cucapá, tomó Mexicali con saldo de un muerto y casi sin el uso de balas.

Esos 19 valientes hicieron temblar a William Gray Otis, dueño de la Colorado River Land Company, amo y señor del valle de Mexicali. Otis pidió apoyo al gobierno de EU y éste movilizó a 20 mil soldados a la frontera con México, quienes se apostaron en San Isidro, California y Yuma, Arizona. Al mismo tiempo, por medio de la Ley de Neutralidad, se prohibió a los estadounidenses brindar apoyo a los revolucionarios mexicanos. Es decir, el pueblo oprimido del norte no podía ayudar al pueblo oprimido del sur, pero el ejército opresor del norte sí podía ayudar a su par mexicano. La historia nos cuenta que esta Ley fue rota por hombres como William Stanley, internacionalista estadounidense, quien peleó al lado del PLM y cayó en combate el 8 de abril de ese mismo 1911 a las afueras de Mexicali.

Así, entre militantes del PLM, indígenas, extranjeros del Partido Socialista de América y del sindicato de Trabajadores Industriales del Mundo (IWW, por sus siglas en inglés), se continuó la campaña por la península ganando adherentes, 120 para ese momento, aunque sufriendo algunas derrotas debido a la colaboración entre las guardias blancas de la Colorado River, apoyadas por el ejército de Estados Unidos, y los batallones federales mexicanos.

Como es sabido, la revolución mexicana dio muchas vueltas y los magonistas, siendo el grupo con el planteamiento político más radical, quedaron aislados y enfrentados a antiguos aliados. Los intereses burgueses del maderismo salieron a flote cuando, el 1° de junio de 1911, Madero, después de entrevistarse con la gente de la Colorado River, ordenó al presidente interino, Francisco León de la Barra, enviar un destacamento militar en contra de los magonistas bajacalifornianos. El 27 de noviembre, 93 revolucionarios se rindieron pero, regresando a la heroína de nuestra historia, Margarita Ortega y varios de sus compañeros se exiliaron por órdenes de Rodolfo Gallegos, quien en ese momento comandaba las fuerzas que tomaron Mexicali y posteriormente traicionó a los suyos pasando al lado de Madero.

Para ese momento, Rosaura, la hija de Margarita, se había vuelto su más fiel camarada. Cuenta Ricardo Flores Magón que Margarita invitó a su familia a unirse a la lucha revolucionaria y que, de todos ellos, sólo su hija se unió al PLM, mientras su esposo le dio la espalda cobardemente. Así, madre e hija fueron exiliadas y enviadas al desierto sin alimentos ni agua. En el transcurso, Rosaura estuvo a punto de morir, pero lograron salvar la situación y llegar hasta Yuma, donde cayeron presas pero, fueron rescatadas por sus compañeros del PLM.

Después de ese episodio adoptaron nuevos nombres, Margarita el de “María” y Rosaura el de “Josefina”. Con estos alias continuaron su labor de propaganda revolucionaria, pero Rosaura nunca se recuperó de las penalidades del desierto y murió tiempo después sin claudicar de sus principios. Pasada su pérdida, Margarita, ahora María, se unió a Natividad Cortés, otro exiliado, y volvieron al país para continuar la labor revolucionaria ahora en el estado de Sonora, donde se encargaron de reorganizar a las fuerzas del PLM en el norte del país.

En noviembre de 1913, mientras desarrollaban sus actividades organizativas revolucionarias, Margarita y Natividad fueron aprehendidos casi por casualidad por el propio Gallegos, quien ahora era carrancista. El traidor fusiló en el acto a Natividad y entregó a Margarita al ejército de Victoriano Huerta.

Margarita fue salvajemente torturada y murió fusilada la noche del 24 de noviembre de 1913 sin haber delatado a sus compañeros. De ella, Ricardo Flores Magón escribió meses después: “Una descarga cerrada hizo rodar por tierra, sin vida, a la noble mujer, cuya existencia ejemplar debe servirnos de estímulo a los desheredados para redoblar nuestros esfuerzos contra la explotación y la tiranía”.

Margarita Ortega forma parte de la historia de lucha de los pueblos. Ella, enfermera, mensajera, combatiente, propagandista, luchó hasta la muerte por su pueblo pasando de la comodidad burguesa y familiar a la hermandad y solidaridad proletaria. Seamos dignos herederos de Margarita, de Rosaura, Natividad y de todos los hombres y mujeres que han muerto para alcanzar la justicia que nuestra clase tanto necesita.

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección RECUPERANDO LA HISTORIA del No. 12 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 28 de noviembre de 2015.

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