Los asesinados que el perredismo quiere olvidar

El muerto al foso y el vivo al hueso
Domingo 4 de octubre de 2015
por  OLEP
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Según los datos que algunos militantes del Partido de la Revolución Democrática (PRD) proporcionaron en 2007, este partido había sufrido, hasta esa fecha, el asesinato de696 militantes a manos de los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari y de Ernesto Zedillo, principalmente.

Incluso desde antes de que se fundara ese partido, el 5 de mayo de 1989, cuando todavía nadie se reponía de la sorpresa de la “caída del sistema” que “milagrosamente” le dio el triunfo a Salinas, en julio de 1988 se encontró a dos cercanos colaboradores de Cuauhtémoc Cárdenas, en ese entonces candidato presidencial del Frente Democrático Nacional (FDN), asesinados en una colonia de la Ciudad de México, sus nombres: Xavier Ovando y Román Gil.

La historia de la formación del PRD está marcada por el asesinato político de cientos de sus militantes más consecuentes y hoy sus dirigentes y los que ahora echan pestes de ese partido, al que dejaron cuando lo vieron hundirse en su podredumbre, nunca hacen mención de este hecho, ¿por qué será?

Hoy es evidente en lo que se ha convertido el PRD pero, si bien es cierto que es un partido palero más de la burguesía y que tiene las manos manchadas de sangre de luchadores sociales, no podemos negar que esos 696 militantes asesinados dieron su vida porque creyeron en un proyecto que en su momento representó la voluntad de una parte del pueblo por romper las cadenas de la opresión.

Muchos de los más consecuentes luchadores sociales, los campesinos, indígenas, maestros de Guerrero, Morelos, Oaxaca y Michoacán, entre otros estados, cayeron bajo las balas asesinas enarbolando la bandera del perredismo para que, por lo menos desde 1997 hasta hoy, sobre sus tumbas sus dirigentes usufructuaran las diputaciones, las senadurías y posteriormente las gubernaturas que fueron ganando.

La base política del PRD, el pueblo que se incorporó creyendo en sus dirigentes, fue abandonada, traicionada y manipulada por los que hoy todavía se aferran a unas siglas que representan la inconsecuencia en su máxima expresión; pero también lo fueron por otros que hoy reniegan del perredismo y se presentan como “limpios” después de navegar en el barco podrido que hoy ven hundirse.

Tanto los perredistas de hoy como muchos otros que abandonan ese barco, pero que han probado ya las “mieles” de vivir del erario público, pretenden enterrar la historia de consecuencia y abnegación que significó crear un partido cercano a la lucha popular (como lo fue el PRD en un inicio) en medio de un ambiente de represión feroz, similar al que hoy vivimos. Cualquier viejo militante congruente del movimiento social sabe de las golpizas, del encarcelamiento, de las amenazas que se sufrían por hacer pintas en las calles o simplemente repartir volantes denunciando las condiciones miserables de vida o los abusos de las autoridades de aquel entonces. El priismo de esos años, como hoy, era el señor de los asesinatos y las torturas, del encarcelamiento y el chantaje.

¿Por qué olvidar a los muertos del pueblo? ¿Por qué no mencionar sus nombres y rememorar su vida y volver a colocar en nuestras mentes sus rostros? ¿Por qué quienes huyen del perredismo en pos de nuevos puestos compiten en ver quién es el mejor orador para hablar de lo podrido que está ese partido si ya todo mundo lo sabe, pero no dicen nada de las vidas que costó fundar ese partido? ¿No será que, así como olvidaron a sus muertos del PRD, ahora pretenden olvidar a los muertos de sus nuevos proyectos políticos? Y lo que es peor: ¿No será que nuevamente obtendrán sus puestos de gobierno sobre la lucha abnegada y consecuente de miles de personas que creen en su opción política, pero cuando estos caigan bajo la represión del gobierno se deslindarán de ellos o harán como si no hubiera pasado nada?

El pueblo debe saber el currículum de quienes, disfrazados de demócratas consecuentes, sólo han lucrado con su sangre para obtener puestos de gobierno y beneficios personales. A quienes esto escribimos no nos avergüenza hablar de las personas que fueron asesinadas creyendo en el PRD; es más, creemos que tenemos la obligación moral de enarbolar su memoria, porque fue parte del pueblo que dio su vida luchando por cambiar el régimen injusto bajo el que vivimos. No importa el desacuerdo político, los asesinados, los presos por motivos políticos, los desaparecidos de manera forzada, los torturados y los perseguidos son de todo el pueblo y recordarlos es recordar y recordarnos que somos nosotros, los explotados, los oprimidos, los que luchamos por la justicia y el socialismo, quienes a pesar de todo persistiremos en la lucha por acabar con la miseria y la opresión.

Que las dirigencias de los partidos “nuevos” demuestren con hechos hasta dónde llegarán en la lucha contra el neoliberalismo y el capitalismo, nosotros no confiamos en ellos, pero confiamos en que las personas que hoy creen en ellos logren apartarlos de los puestos que han conseguido a la menor vacilación en su lucha, a la menor señal de traición, a la menor señal de corrupción, porque no es posible que otra vez el pueblo ponga los muertos para que otros vivan del erario público a su nombre, sin decirlo y queriendo que el olvido desaparezca los nombres de las personas gracias a las cuales viven y ganan de una forma en que no lo hace el pueblo que dicen representar.

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección RECUPERANDO LA HISTORIA del No. 10 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 4 septiembre de 2015.

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