El capitalismo: ¿una hidra? ¿un virus?: una relación social

Semilla KH-1
Viernes 5 de junio de 2015
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En el texto El método, la bibliografía y un drone subterráneo en las montañas del Sureste mexicano, el SCI Galeano nos propone una pregunta para guiar la siembra del pensamiento crítico:

Qué sigue?

La respuesta a esta pregunta ocupó buena parte de las intervenciones del subcomandante Galeano en el semillero zapatista, respuesta que inició por los conceptos básicos y presupuestos fundamentales del análisis zapatista sobre el capitalismo. Estos presupuestos son 7:

1. El capitalismo y su lógica son dominantes en el mundo.

2. El capitalismo domina diversos espacios sociales.

3. Pensar el capitalismo como una hidra: ¿hay un corazón, una cabeza madre de la hidra? ¿se puede regenerar desde cualquiera de sus partes?

4. La práctica es esencial: nos juntamos y pensamos en colectivo para transformar el mundo. Esta tarea corresponde a la Sexta que ha decidido desafiar al sistema. El horizonte es la destrucción del capitalismo y esa tarea NO se hace con pensamientos.

5. El capitalismo no es omnipresente ni inmortal. El dominio es tenso y enfrenta resistencias.

6. Luchar contra el capitalismo exige la interrelación permanente entre teoría y práctica.

7. Ni pensamiento haragán, ni pensamiento dogmático, ni pensamiento mentiroso. El cuestionamiento es nuestro motor.

De estos presupuestos queremos profundizar en el tema de cómo entendemos el capitalismo: pensarlo como una hidra nos hace entenderlo como una realidad (un "monstruo") externo a nosotr@s.

Podemos comenzar por reconocer que hay diferentes "distancias" respecto de las relaciones capitalistas: una trabajadora de la industria automotriz conoce y vive el monstruo capital de forma muy distinta de cómo lo conoce y vive una campesina, una estudiante, una artesana. El capitalismo nos domina a todas y todos, pero lo hace de mil y una formas diversas. En esta mirada, es posible entender el capitalismo como algo externo a nosotr@s: la máquina, el patrón, el coyote que paga poco por la cosecha, el sistema de prestigio y competencia de las escuelas, el acaparador que compra baratas las artesanías.

Esta mirada, la de la Hidra, no agota, sin embargo, las relaciones capitalistas.

Por una parte, el capitalismo nos enlaza no sólo como productoras de riqueza sino también como consumidoras. Resulta difícil encontrar ejemplos de personas, colectivos o pueblos que puedan reproducirse sin esta relación de consumo que se da a través de dos instituciones esenciales del capitalismo: el dinero y el mercado. Y así como hay muy diversas condiciones de productora, hay muchas condiciones de consumidora: de la tienda House of Bijan en Beverly Hills, California, a los mercados de viejo en cualquier país de América Latina, Asia o África, hay una distancia enorme, como enormes son las diferencias que el consumo crea entre nosotras.

Por otra parte, las relaciones capitalistas penetran la vida cotidiana, las relaciones entre las personas y nuestra propia personalidad, nuestras formas de actuar y de pensar, nuestros sentimientos y reacciones. Los valores y prácticas capitalistas de competencia, egoísmo, individualismo, y tantos otros, no se quedan en el trabajo sino que los reproducimos en las relaciones dentro de nuestros diferentes espacios de vida: el pueblo o el barrio, el colectivo de trabajo, el círculo de amistades, la familia, todas y todos se ven impregnados de las formas capitalistas de actuar.

Desde esta mirada, podemos pensar el capitalismo como un virus, como un elemento de nuestras vidas, de nuestra propia corporeidad; un virus con el cual tenemos una relación contradictoria: todas y todos alimentamos permanentemente al monstruo capital con nuestros actos de producción, consumo y uso del "tiempo libre"; y al mismo tiempo y de diversas maneras, combatimos los "efectos", la influencia del virus-capital en nuestras vidas.

Este cambio de mirada desde "el monstruo real, el más sanguinario y cruel que hayan conocido la realidad o la ficción desde que la humanidad se dividió en dominadores y dominados", este cambio de mirada desde la hidra hasta las formas capilares y cotidianas de las relaciones capitalistas, es fundamental porque ayuda a resituar las preguntas: ¿qué, quiénes, cómo nos impiden transformar el mundo?

La hidra es el imperio, la propiedad privada de los medios de producción, el estado, las fuerzas represivas y un largo etcétera, de suerte que enfocamos nuestras prácticas de resistencia y rebeldía contra esos grandes muros. Nada de lo que miramos en el hoy y en el ayer nos lleva a negar que el golpear perseverante contra el muro del capitalismo es esencial para cambiar el mundo; no obstante, debemos preguntarnos ¿por qué dilata tanto el "ya vamos a ser más"? Entender el monstruo capital como un virus que cargamos, alimentamos y combatimos nos permite dirigir parte de nuestras prácticas emancipadoras hacia esas otras dimensiones capilares de la dominación social.

El capital, decía Karl Marx, es una relación social, y en esa medida, la superación del capitalismo exige desmontar las relaciones capitalistas Y crear, en paralelo, nuevas formas de relacionarnos.


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