Justicia, nuestro sueño como nuestros padres y madres desaparecidos. Reflexiones de XV Aniversario

Lunes 23 de febrero de 2015
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20 de febrero de 2015

Desde que empezamos a existir como H.I.J.O.S. México, cuando hacíamos por multiplicar las incógnitas y transformar la rabia en camino, tuvimos claro que uno de nuestros ejes de trabajo sería el de la justicia. Justicia-Identidad-Memoria como unidad indisoluble. Justicia como aquello que se nos atoraba en la garganta cuando gritábamos el nombre de nuestros padres y madres desaparecidos. Aquello por lo que nuestras madres y abuelas hicieron huelgas de hambre y caminaron kilómetros y kilómetros levantando fotografías con los rostros de nuestros familiares. Justicia como aquello urgente, fundamental e indispensable para la vida sana de nuestro país.

Por esta razón, la primera mesa con la que arrancamos los eventos por la celebración de nuestros XV años lleva por tema "Justicia".

Para nosotr@s la justicia no es una aspiración hueca, tampoco es la compleja dinámica de cañerías en un sistema que se empeña en hacer para no cambiar nada; la justicia es nuestro sueño como nuestros padres y madres la soñaron, tiene que ver con la realización plena de la vida para todas y todos, sin importar ninguna de sus condiciones y propiciando que sus acciones abonen sólo al bienestar común. Para nosotr@s la justicia es la paz como nos la enseñaron las y los zapatistas, es el equilibrio de la razón y la generosidad por encima del temor y la mezquindad.

La justicia es mujer que se quita la venda de los ojos, que mira delante y atrás sin temor de blandir su espada y que carga en su balanza comida para el hambriento y castigo para los culpables. La justicia es el alfa y el omega, ahí inicia y termina todo. Su mirada es fulminante y su canto esperanzador y encantado. La justicia es tanto… que creemos en ella todavía. Es tanto, que nos da asco el compararla con el sistema de justicia de nuestro país, con sus corruptos funcionarios, con sus lentas diligencias, con su burocracia descorazonada, su simulación y su cinismo. La justicia no es un procedimiento tras otro, sino una ola sabia de fuego y viento que todo lo ordena y lo calma. Es la forma de describir la vida como debe ser vivida, en un idioma que pueda ser cumplida.

Y pese a todo, quizá somos nosotr@s quienes más creemos en la justicia. Porque no nos rendimos y porque creemos en esa justicia que vamos construyendo desde la exigencia, desde la condena social, desde el señalamiento público a los responsables de crímenes de lesa humanidad y de los cómplices que los protegen. La justicia, como la entendemos, no sucede solamente en los tribunales ni se escribe sólo con sentencias. Si bien es cierto que mantenemos el sueño de ver tras las rejas a los culpables, materiales e intelectuales, de la desaparición de nuestros padres y madres; también es cierto que en este tiempo hemos comprendido que la justicia es una forma ética y contundente de vivir la vida, que no corresponde conocer y defender solamente a abogados y defensores, sino a todo un pueblo, a toda persona. Hemos comprendido que el papel del periodismo es fundamental para poner la simiente de la verdad que permita que se haga justicia. También sabemos que debe ser labrada y tallada desde las manos más humildes... Exigida desde quienes tienen los elementos... Se hace también desde la calle, con los gritos y con los colores y palabras sobre los muros...

Cuando pensamos en las personas que debían conformarla, tuvimos claro que serían quienes hoy nos acompañan. Porque la construcción de la justicia en que creemos requiere de la participación activa de todas y todos. Requiere del acompañamiento psicosocial como parte de la reparación integral y la participación de las víctimas en el proceso. Requiere ser capaces de trascender la inoperancia de las sentencias internacionales. Requiere construir el puente que una la condena social con la condena legal.

Las décadas de impunidad se traducen hoy en que la desaparición forzada se siga practicando en nuestro territorio. La reciente desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa ha puesto en evidencia la nula voluntad del estado mexicano en hacer realidad su obligación de procurar justicia. Porque no se trata de un gesto de buena voluntad, es simplemente su obligación. ¿Cómo es posible que a meses del secuestro de los estudiantes no haya más que un aire fétido de impunidad en cada declaración de los representantes del gobierno mexicano? ¿Con qué cara asisten a reuniones internacionales con una cuenta pendiente de miles de personas desaparecidas? ¿Cómo se atreven a insistir en el Estado de derecho y respeto a las instituciones cuando la policía y el ejército están involucrados en la desaparición de los 43 estudiantes y de nuestros padres y madres?

Si México desea verdaderamente que el rumbo de su futuro cambie, debe cambiar seriamente el actuar de su clase política y de sus funcionarios; pero también debe incrementar la capacidad y seguridad de la sociedad en la exigencia contundente. Generar una auténtica e irreversible condena social. Justicia tiene que ser un grito que represente todas nuestras voces, tiene que ser un grito lleno de memoria y que se proyecte hacia el futuro tal y como lo soñaron nuestros padres y nuestras madres, tal y como lo soñamos hoy para nuestros hijos e hijas. Tiene que ser el piso humano que dé certeza sobre la posibilidad de hacer de éste un mejor país. En H.I.J.O.S. México tenemos quince años de certeza sobre el contundente hecho de que es posible, y es urgente. Pongámonos mentes, voces, rabias y manos a la obra.


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