¿La gente de verdad piensa en la huelga nacional?

La importancia de saber lo que la gente piensa
Lunes 16 de febrero de 2015
por  OLEP
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Los socialistas no podemos ser indiferentes con relación a lo que la gente piensa y opina en torno a los hechos sucedidos el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, ni con relación a las protestas y decisiones del gobierno federal posteriores a esos hechos. Y no podemos serlo porque esas opiniones que expresan ideas son algo que mide, por un lado, nuestra propia actividad para denunciar los hechos y elevar el nivel de conciencia proletaria en toda la población y, por otro, la actividad del Estado para justificar el hecho e imponer la impunidad y el terrorismo de Estado como un método más de control social.

Hay dos opiniones que expresan las ideas de la clase dominante: la burguesía.

La primera es la que justifica el asesinato atroz y la desaparición forzada de los normalistas e incluso piden más actos como éstos y la escuchamos en expresiones como “ellos se lo buscaron”, “en lugar de estudiar andaban tomando camiones”, “deberían hacer lo mismo con los que andan bloqueando carreteras”. La lista de expresiones de este tipo sería larga. Estas opiniones no sólo las reproducen los empresarios del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) pidiendo de manera diplomática que se supere lo que pasó, también lo hace cualquier persona en las calles, personas de nivel económico elevado, pero también trabajadores que reproducen las ideas de los empresarios.

La segunda la expresa un gran conjunto de personas que llama a la resignación: “ya están muertos, para qué tanto si el gobierno ya los mató”, este argumento justifica su apatía, su falta de apoyo y solidaridad y condena suavemente las movilizaciones de los que quieren que sean presentados con vida los normalistas. También estas personas reproducen las ideas que la burguesía ha sembrado y cultivado en la mente del pueblo trabajador para que no se meta en problemas que aparentemente no son suyos y se resigne a su presente y a su futuro.

Hay otras dos opiniones que intentan romper con las ideas de la clase burguesa.

Por un lado está la que condena el asesinato y la desaparición forzada de los estudiantes, incluso teniendo la idea de que las cosas en el país están mal y que lo sucedido es otra muestra de ese malestar. Pero las personas que tienen esta opinión no participan en las movilizaciones y su no participación es reflejo de que no acaban de romper con las ideas dominantes que les impiden participar activamente en la denuncia o en la expresión organizada del descontento que tienen con lo que vivimos.

La otra idea, más avanzada respecto a la anterior, es la que, además de condenar, se organiza para expresar el descontento; personas que sin pertenecer a alguna organización asisten a la marcha, dan algo para los acopios de víveres, pegan un cartel en su puerta y hasta intentan organizarse con otros, pero no tienen una perspectiva más allá de la justicia que pide para los jóvenes o la demanda de que los presenten con vida. Hay un cuestionamiento profundo de lo que vivimos en las expresiones antipriístas, antineoliberales y hasta anticapitalistas, pero no hay alternativas a largo plazo.

Estas personas están a la búsqueda de alternativas concretas para continuar organizadas y para seguir luchando, y estas personas son las que viven con profundo desconcierto las diferencias al seno del movimiento social, pues muchas son nuevas en la participación y no alcanzan a comprender el porqué de las diferencias de análisis, de alternativas, de métodos, de propuestas, sin embargo, algo tienen que hacer y lo hacen desde su empatía por una causa justa.

Es importante tener en mente estas diferencias de opiniones que expresan diferentes ideas, porque con base en ellas los socialistas debemos crear el sentido y el contenido de nuestra agitación y de nuestra propaganda, no podemos decir lo mismo a quienes justifican los hechos y a quienes los condenan pero no hacen nada.

Si nuestra agitación y propaganda siempre deben ir dirigidas a elevar el nivel de conciencia proletaria de las más amplias capas de la población, significa que debemos lograr que la parte del pueblo que justifica y aprueba este acto de terror lo desapruebe, que quienes son apáticos dejen de serlo y participen, que quienes ya participan pasen de la buena voluntad a la organización permanente, que avancen de su crítica a lo malo en general a la crítica del neoliberalismo y del sistema económico y social que lo crea y desarrolla: el capitalismo.

También es muy importante tener en cuenta las opiniones que expresan las ideas de la burguesía para no dormirnos en nuestros logros y autoengañarnos, pensando que por seguir movilizados desde hace tres meses la transformación social está a la vuelta de la esquina y podemos convocar a huelgas o paros con la participación de los millones de mexicanos que deseamos participen en éstos.

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección DEBATE del No. 5 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 18 de enero de 2015.

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