La educación en venta

El arrebato de otro derecho
Lunes 3 de noviembre de 2014
por  OLEP
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Año tras año, miles de jóvenes que presentan el examen para ingresar en alguna de las universidades públicas nacionales (UNAM, IPN, UPN, UAM, UACM, UACh, etc.) quedan fuera de éstas. Las cifras son alarmantes: Este año solicitaron ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 126 mil 683 estudiantes sin embargo, nada más fueron aceptados 11 mil 384, lo representa aproximadamente el 9% de los jóvenes aspirantes, es decir 9 de cada 10 fueron excluidos. En el caso del Instituto Politécnico Nacional (IPN) a 69 mil 770 jóvenes de entre 92 mil 772 aspirantes (alrededor de 75%), les fue arrebatada la posibilidad de continuar sus estudios.

Muchas personas opinan que el problema de los rechazados es una cuestión de carácter individual: si los jóvenes quedan fuera de las escuelas es “porque no le echaron ganas” o “porque no estudiaron suficiente” o “porque tal vez la universidad no es para ellos”, sin embargo se trata de un problema que trasciende lo individual, es un asunto que afecta a toda la sociedad, que no debe ser ajeno a nosotros, y como veremos más adelante, involucra también grandes intereses económicos.

La educación es un derecho social, ganado mediante la lucha de nuestro pueblo, sin embargo el Estado mexicano se ha desentendido de su responsabilidad en dos niveles fundamentales. Por un lado ha abandonado los niveles de formación básica (primaria y secundaria), y desmantelado en la práctica el sistema público de educación: disminuyendo el presupuesto a las escuelas, promoviendo el charrismo sindical entre los maestros, cambiando los planes de estudio en detrimento de la formación de los niños y jóvenes. Por otro lado el gobierno se ha desentendido de los niveles medio y superior (bachillerato y universidad), argumentando que estos no son su responsabilidad, según la ley. A partir de la reforma a la ley general de educación en 1993, han predominado las medidas de tipo mercantil en los temas educativos, una reforma reciente hace “obligatorio” el bachillerato, sin embargo, la tendencia en este, es que a los jóvenes se les forme “para insertarse en el campo laboral”, esto representa una escuela de buenos esclavos.

Nos han querido hacer pensar que el problema de la educación superior en México es un problema de “cupo”, es decir que hay muy pocos lugares disponibles, comparado con la cantidad de estudiantes que tratan de ingresar a las universidades públicas, y con este pretexto se realizan exámenes o concursos de “selección” , en los que se pretende “repartir” los lugares entre aquellos jóvenes que “los merecen” o que han trabajado fuertemente para obtenerlo, pero ¿quiénes son estos jóvenes que ameritan el disfrute de sus derechos sociales? A los egresados del bachillerato se les obliga a aprobar un nuevo examen que acredite su preparación, además de exigirles haber mantenido un promedio general mínimo que oscila entre el 8 y 10.

¿Es demasiado para algunos? El contexto en el que viven la mayoría de los egresados del bachillerato público, el cual es de una gran exclusión y desigualdad social y económica, no se puede exigir que todos los estudiantes sean calificados de la misma manera. No es lo mismo un hijo de obreros, que tiene que ocupar más de tres horas al día en trasladarse para asistir a clase, sin tener una alimentación adecuada, ni acceso a recursos como fotocopias, ya no digamos libros y computadoras, que el caso de algunos jóvenes, que se trasladan en transporte privado y que tienen acceso a todos los recursos necesarios para llevar a cabo sus estudios de bachillerato.

Ante este panorama, en los últimos años, cientos de jóvenes se organizan y salen a la calle a exigir su derecho a la educación en alguna de las universidades públicas, agrupados en distintos frentes, con distintos sesgos ideológicos pero, más allá de las organizaciones que los respaldan, los movimientos de jóvenes rechazados están haciéndole frente al problema con la única arma que tienen los oprimidos, la movilización y la lucha contra las arbitrariedades del Estado.

Ante la movilización de los jóvenes, el secretario de educación pública (Emilio Chuayffet, personaje siniestro) ha tratado de esconder el problema, primero afirmando que en la zona metropolitana del DF no hay rechazados, pero ante la magnitud de las protestas se ha visto obligado a aceptar que el problema es real, no obstante ha tratado de minimizar su gravedad maquillando las cifras, y a los jóvenes movilizados les ha ofrecido que pueden ingresar en una escuela privada con facilidades de pago, como si se tratara de una auténtica limosna. A este intento de desmovilizar a los excluidos de la educación superior le han llamado Programa Emergente de Matricula en la Educación Superior.

El problema es que, como todas las actividades humanas en un sistema capitalista como en el que vivimos, la burguesía y el Estado tienen la intención de convertir la educación en una mercancía de lujo, es decir, es susceptible de venderse o de cambiarse para aumentar las ganancias y que será solo para el consumo de aquellos que puedan pagarla. Cabe señalar el caso de la empresa Nacer Global, un consorcio en el que se agrupan distintas escuelas privadas (ICEL, UNIVDEP, Universidad de Ecatepec, entre otras), así como “consorcios financieros especializados en becas” (Mexicana de Becas), que en la práctica son prestamistas rapaces que buscan aprovecharse de la pobreza de las personas.

Nacer Global está dirigida por un individuo llamado Raúl Martínez Solares que ha sido funcionario en la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Hacienda, y que se hizo rico en “Afore XXI” a costa de miles de trabajadores a los que les fueron robadas sus pensiones, se trata de una empresa que se dedica a especular con los fondos de retiro de trabajadores, no es de sorprender que el Grupo Banorte, en el cual figura Afore XXI está relacionado con el “Programa Emergente” del gobierno federal, así como con el programa “Edúcate” del gobierno del Distrito Federal y de la UNAM. Estas son algunas empresas que obtienen ganancias de la situación de exclusión social y económica, no sólo de los jóvenes sino de la mayoría de la población. A los rechazados de la educación superior no les quedan muchas alternativas y muchos tendrán que tratar de buscar trabajo remunerado, estando en condiciones en las que se ven prácticamente obligados a aceptar los empleos peor pagados, sin ninguna prestación ni seguridad social, en el peor de los casos pasarán a formar parte del creciente ejército de desempleados, de donde los burgueses pueden elegir la mano de obra barata, sin preocuparse por perder un ápice de sus ganancias. Es claro pues, que quienes salen ganando en todo esto son los patrones, los capitalistas.

Ante este panorama, los socialistas debemos recoger las banderas de la lucha de los que aspiran a tener una educación critica, comprometida y sobre todo al servicio del pueblo, que beneficie a la mayoría de sociedad y no sólo sirva para obtener una posición supuestamente privilegiada. Es deber de los socialistas estar codo a codo con el pueblo en lucha por la defensa de sus legítimos derechos, pero no es suficiente con defender los derechos ganados, hacen falta cambios profundos en la sociedad capitalista, los jóvenes, los campesinos, los trabajadores, los colonos que defienden sus derechos para vivir con dignidad, han dado el primer paso, nos toca acompañar esas luchas para que los compañeros logren dar los siguientes grandes pasos hacia la emancipación de todo el pueblo trabajador.

NOTA: Este artículo fue publicado en la sección EDUCACIÓN del No. 3 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 21 de septiembre de 2014.

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