El 1Dmx y sus secuelas: un balance necesario

Jueves 17 de enero de 2013
Por autor Olegario Chávez
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“[…] el crecimiento de la conciencia de las masas y la agudización de las crisis económicas y políticas, engendra constantemente nuevos y cada vez más diversos métodos de defensa y ataque. Por esto, el marxismo no rechaza categóricamente ninguna forma de lucha […] no se limita, en ningún caso, a las formas de lucha posibles y existentes sólo en un momento dado, admitiendo la aparición inevitable de formas de lucha nuevas, desconocidas de los militantes de un período dado, al cambiar la coyuntura social.” V.I. Lenin (La guerra de guerrillas)

El 1° de diciembre frente a San Lázaro, desde antes de que terminará de amanecer, fuimos testigos de una muestra de descontento expresada mayoritariamente por el sector estudiantil y juvenil del movimiento social, una respuesta legítima al terrorismo de Estado que ha venido prevaleciendo la última década en nuestro país. Lo que vimos fue una expresión de descontento y de hartazgo popular que se manifestó de formas poco vistas anteriormente, al menos en la capital del país.

Pudimos observar una muestra de lo que algunos sectores del movimiento social están dispuestos a hacer ante la afrenta que representa el regreso del PRI a la presidencia, encarnado en el maniquí Enrique Peña Nieto. Observamos la puesta en práctica de diferentes formas de la manifestación pacífica, que no pacifista, aunque también fuimos testigos de la respuesta violenta del Estado, de la criminalización de la protesta social y de la brutalidad policiaca, además de la infiltración policiaca en la manifestación, maximizada por algunos (intelectuales y periodistas de pluma amarilla) y soslayada por muchos otros (activistas acríticos y triunfalistas).

Debemos tener muy en cuenta que una manifestación que se autodefiende ante la ofensiva violenta del Estado, ante el cerco violento, que responde a la violencia del Estado, no es violenta per se. La autodefensa popular es digna de practicarse y de reivindicarse. Tengamos muy en cuenta esto último.

Confrontación en dos tiempos: San Lázaro y Bellas Artes

Los combates que se suscitaron en San Lázaro (contra la policía federal, militares, entre ellos) y que comenzaron desde antes de las 7am a las afueras del Congreso de la Unión, protegido cual fortaleza medieval para proteger la unción del príncipe copetudo (o como “corral para el pinche burro”, dijeran por ahí), tenían como objetivo derribar las vallas y dar una muestra más de repudio a la imposición de Enrique Peña Nieto, el presidente de la oligarquía mexicana, el presidente de la profundización del saqueo y el despojo neoliberal.

En este primer tiempo de la confrontación y sobre todo después de haber estrellado el camión de basura contra la valla metálica, momento después del cual la Policía Federal comenzó a disparar balas de goma y granadas de gas directamente contra los manifestantes, hubo bastantes heridos, varios de ellos de gravedad (entre ellos Uriel Sandoval y Francisco Kuykendall) y muy pocos detenidos.

El combate fue intenso e ininterrumpido, se veía pasar a decenas de jóvenes dispuestos a acercarse a la valla y luchar por derribarla con lo que tenían a su alcance, otros manifestantes ayudando en labores de enfermería, repartiendo cubre-bocas, coca-cola, vinagre, trapos, etc. La solidaridad que pudimos observar en las primeras líneas de combate fue maravillosa, por fin, después de muchos meses de espera, las calles gritaban: “¡Estamos hartos!” “Hemos decidido decir: ¡BASTA!”, “No nos vamos a dejar” y en las paredes se leía: “Esto sólo es el primer día”. Pero esta vez no sólo con las recurrentes marchas, sino a través de nuevas formas de lucha, trazando nuevos caminos.

Después de esto, los contingentes comenzaron a desplazarse con rumbo al Zócalo, donde estaba programado el mitin con el que culminaría la jornada de lucha. Desde su partida de San Lázaro los contingentes iban siendo acosados en la retaguardia por la policía federal y entrando a Eje Central la policía del DF intento encapsularlos, el objetivo: impedir la llegada de la manifestación al Zócalo. Para este momento ese mismo cuerpo policiaco ya había montado todo un operativo alrededor de las calles del primer cuadro de la ciudad que después resultaría en una cacería desesperada de manifestantes para cubrir la cuota de detenidos que los mandos policiacos exigieron.

Ya en Bellas Artes, incluso desde el Eje Central, ya cerrada la pinza policiaca para evitar la entrada de manifestantes al Zócalo, se repitió la confrontación, ahora contra los granaderos del DF, ahora sin vallas de por medio, aunque sin la misma intensidad que en San Lázaro. Es en este momento en que se suma mucha más gente a la confrontación, ya que algunos contingentes que estaban en San Lázaro se habían retirado o habían desviado la ruta, mucha gente desconocida, sin asumirse como 132, ni ninguna otra sigla, el pueblo llano, los vendedores ambulantes, transeúntes agraviados por la policía con anterioridad, etc.

Mientras muchos manifestantes combatían contra la policía, otros destruían lo que encontraban a su paso, ya sea por el simple hecho de hacerlo o para reforzar las barricadas y/o conseguir proyectiles para arrojar. La destrucción y el saqueo de los locales comerciales de la Av. Juárez es la expresión de la ira y el coraje mal encausados de muchos manifestantes. Ni vandalismo, ni pandillaje criminal, ni “destrucción lúdica” como se ha querido hacer pasar por los medios de comunicación y, lamentablemente, por algunos intelectuales progresistas y compañeros de lucha. El hartazgo ante el sistema tiene diferentes formas de expresarse, lo que vimos en Av. Juárez y, después sobre Av. Reforma, es una de ellas, no la más “políticamente correcta”, no la más deseable, ni la más reivindicable, pero al fin es eso: una expresión de hartazgo, de rabia, de ira. Una expresión primitiva, inconsciente quizás, del odio de clase. Del odio contra el orden establecido que oprime y asfixia al pueblo.

¿Qué es lo que expresa el 1dMx?

Ante la consumada imposición de Peña Nieto, ante la consumación de la burla de la voluntad popular hemos sido testigos de diferentes formas de expresar el descontento y el hartazgo, así como las ganas de transformar el estado de cosas imperante. Una de ellas, por poner un ejemplo, ha sido apostar por la construcción de otro partido político (el MORENA) que siga compitiendo dentro los marcos del electoralismo burgués sin proponerse una transformación a fondo de la sociedad, supeditada a los calendarios electorales, etc. pero es la forma de una parte de la población de expresar su hartazgo, nos guste o no. Así mismo, los combates callejeros contra la policía y los ataques contra los locales comerciales (los saqueos y vidrios rotos que tanto indignan a los medios de comunicación, a la oligarquía y, lamentablemente, a algunos compañeros) el 1° de diciembre son la expresión de ese mismo descontento pero de otra forma, nos guste o no. Es por eso que no debemos señalar, ni regañar, ni condenar a quienes ese día, optaron por esa vía para expresar su hartazgo ante las condiciones miserables en las que vivimos.

Insistimos, fuimos testigos de un torrente de ira y coraje popular acumulado durante años, de la determinación de muchas personas para escalar en las formas de lucha y de confrontación con el poder pero también fuimos testigos de desorganización y de mucha espontaneidad a la hora del combate. También, pudimos observar, la desorganización y la postración de muchas organizaciones y movimientos sociales ante la escalada represiva del Estado que nadie previó. Pudimos ver al pueblo en las calles, movilizado, combatiendo, pero también vimos que hace falta mucho pueblo incorporándose a las manifestaciones.

Es claro, deshagámonos de todo triunfalismo, las acciones del 1° de diciembre no representan el estado general del movimiento que lucha contra Peña Nieto y su proyecto profundizador neoliberal respaldado por la oligarquía. Tan no lo representa que no se hicieron esperar las condenas y señalamientos en contra de los combates de San Lázaro y Bellas Artes, ya no sólo desde los medios de comunicación al servicio de la burguesía, sino desde el interior del movimiento, en el #YoSoy132 y el movimiento social en general.

Lo ocurrido el 1° de diciembre también nos demuestra que hace falta incorporar a muchos más sectores a las movilizaciones y, por qué no, a la acción directa contra las fuerzas del Estado. Es precisamente por esto último que, además de la necesidad de organizarnos mejor para enfrentar a la policía y sus secuelas, hace falta una labor de educación y propaganda permanente entre el pueblo, para deshacer las versiones oficiales, si, y para incorporar a más personas a la lucha.

Quienes si queremos dar una verdadera lucha por derrotar al capitalismo y caminar hacia una sociedad más justa y libre, quienes somos revolucionarios y no sólo reformistas, quienes no sólo buscamos un capitalismo más humano, una democracia “auténtica” de dudosa autenticidad, quienes reivindicamos la lucha por el socialismo y reivindicamos la violencia de masas no podemos, ni debemos conformarnos con lanzar piedras, bombas molotov, apalear granaderos y derribar algunas vallas cada 6 años, ni considerar los enfrentamientos callejeros del 1° de diciembre como un “triunfo” y un “enorme salto cualitativo en la lucha de clases”. Eso, compañeros, también es un error y muy grave.

De nada sirve vanagloriarnos por un día de combates callejeros, de nada sirve hacer apología de la acción directa y creer que ya es el único camino que nos queda, la única táctica que debemos utilizar. Si queremos seguir impulsando acciones de ese tipo no podemos simplemente esperar el gran día, como muchos que esperaron el 1° de diciembre y desde entonces siguen celebrando su “victoria” sin mayor actividad. Nuestra obligación es crear ese gran día y este sólo se crea a través del trabajo constante, persistente y sistemático al lado del pueblo, con educación, agitación, propaganda y labor organizativa, trabajando por elevar constantemente el nivel de conciencia de las masas y su capacidad de organización y movilización.

Hubo infiltrados, claro, es imposible pensar una manifestación (incluso en marchas, mítines y brigadeos) sin la infiltración del Estado pero evidentemente, la infiltración en las movilizaciones del 1° de diciembre no alcanzó al grado masivo que intentan describir Adolfo Gilly y algunos otros columnistas de La Jornada. Los infiltrados no dirigieron la acción, no dieron rumbo a la manifestación, pero claro, seguramente ahí estuvieron, desde San Lázaro era visible y previsible que los había, de un lado y otro de las vallas. Pero de eso a adjudicar toda la acción de los “cientos de provocadores encapuchados de pantalón caqui y guante negro en la mano” hay una enorme distancia.

En todo momento, la represión y la violencia provienen del Estado, eso no hay siquiera que dudarlo. La represión no es culpa de los manifestantes, la represión forma parte de una política y esa política represiva se expresa a través de diferentes formas o, si queremos decirlo así, mensajes. El mensaje que quiso mandar el GDF de Ebrard y Mancera, respaldados por su partido, el PRD, y además el PRI y el PAN, con las 106 detenciones arbitrarias en las calles del centro de la ciudad y, posteriormente, al encarcelar y procesar a 70 personas fue: “En ésta, la ciudad más democrática del país, también se reprime y tampoco nos importan los daños colaterales”. El mensaje gubernamental, desde el nuevo ejecutivo federal hasta el ejecutivo local a los manifestantes, transeúntes y habitantes de la ciudad, fue claro: No salgas de tu casa a manifestarte, no importa la forma en que pienses hacerlo; no intentes ni siquiera hacer un performance; si ves que la policía golpea a otro manifestante ni se te ocurra reclamar; el derecho al libre tránsito se clausura cuando nosotros queramos; el día que haya alguna marcha, no salgas de tu casa. En resumen, un mensaje terrorista de Estado.

¿Qué le queda a los jóvenes del #YoSoy132?

El 1° de diciembre no sólo se manifestó el #YoSoy132, y esto hay que remarcarlo cuantas veces sea necesario, el 1° de diciembre no “le pertenece” solamente al #YoSoy132. La ira contra EPN y sus antecesores príistas y panistas (así como sus comparsas perredistas cómplices y criminales) que se expresó y, además, se desbordó ese día, no es exclusiva de nadie, de ninguna organización, ni de ningún movimiento en específico. El 1° de diciembre, como el 2 de octubre (guardadas las proporciones) le pertenecerá siempre al pueblo, forma ya parte de su historia.

A pesar de los deslindes y los señalamientos por parte del ala moderada (que en la UNAM, por ejemplo, están representados por el CEM-MAES, GDR, PRT, En Lucha-CGH y otros grupúsculos, a los que ya hemos hecho referencia en otros artículos [1]) del movimiento #YoSoy132 y una parte del movimiento social acerca de la “violencia desmedida y desorganizada” de los manifestantes en San Lázaro y los enfrentamientos frente a Bellas Artes y la Alameda, el movimiento ha podido salir adelante y mantener las filas cerradas en la lucha por los presos políticos del 1° de diciembre, de los cuales, los últimos 14 aún están bajo proceso. Dando traspiés y con algunos desacuerdos sobre la táctica a seguir, el movimiento ha conseguido, parcialmente, la libertad de todos los detenidos del 1° de diciembre y la reforma al artículo 362 del Código Penal del DF.

Los deslindes y señalamientos de los que hablamos han sido bendecidos por la “intelectualidad progresista”, como el señor Adolfo Gilly, un viejo troskista arrepentido y renegado de la lucha armada, más interesado en encontrar la forma de cubrir las espaldas del perredismo capitalino, a través de su teoría de la infiltración masiva, que en dilucidar lo realmente sucedido, entre otros. Este tipo de discursos inculpatorios y cuasi-policiacos han encontrado eco entre una parte de la izquierda y del movimiento #YoSoy132.

Aunque, por ejemplo, Uriel Sándoval, el estudiante de la UACM que sufrió la pérdida de un ojo debido al impacto de una bala de goma (empleada contra los manifestantes violando flagrantemente los protocolos internacionales que regulan el uso de esas armas), ya ha manifestado en innumerables entrevistas que no se arrepiente de haber estado ahí, en San Lázaro, ése día, manifestándose, y responsabiliza únicamente al Estado de lo que le sucedió, además de todas las demás injusticias y atrocidades cometidas esa jornada. Aún así los moderados, en general, insisten en culpar a los manifestantes de diversas formas o por lo menos adjudicarles costos y responsabilidades, cualesquiera que estos sean, como si los manifestantes fueran responsables de la represión, los responsables de las detenciones arbitrarias y de los heridos.

Los moderados intentan criminalizar, consciente e inconscientemente, premeditada o ingenuamente a los manifestantes que optaron por la acción directa y el ejercicio de la autodefensa popular, eximiendo, en los hechos, al Estado de su responsabilidad al desatar la violencia, violencia criminal y terrorista. Esos mismos moderados se victimizan para justificar su cobardía, su tibieza y, sobre todo, su falta de claridad para analizar lo que pasó, ante su falta de trabajo con el pueblo es obvio que una manifestación de autodefensa del pueblo les parezca lo más grotesco que hay en el mundo (Frases no tan célebres como: “Nos pusieron como cuerpos, como escudos humanos” proferida por la representante vitalicia del MAES, son prueba de ello).

Indudablemente, ya con el espaldarazo de la “intelectualidad progresista” al GDF, éste continuará la cacería de brujas. El Estado, ni tardo, ni perezoso, ni desorganizado, aprovechará a los moderados desesperados y temerosos y también a los “ultras” deseosos de protagonismo, a los policías e infiltrados voluntarios e involuntarios, para afinar su estrategia represiva y, cuando lo crea conveniente, continuar con las detenciones arbitrarias, ya que haya completado la legitimación de la búsqueda y el castigo de los “verdaderos culpables” de los disturbios y los vidrios rotos que tanto les duelen. Aprovechando la división artificial, creada por el Estado y profundizada por algunos sectores dentro del movimiento entre manifestantes “pacíficos” y manifestantes “violentos”, entre “los que se manifiestan bien” y “los que se manifiestan mal”2 nada sería mejor para el Estado que dividir y fraccionar al movimiento, sirviéndose indirectamente del ala más tibia y temerosa, para aislar al sector más débil aniquilándolo o cuando menos neutralizándolo.

Lo que queda entonces es, interpretar los hechos objetivamente, con un análisis riguroso de los acontecimientos, de los actores políticos, de las consignas expresadas, de la efectividad o no de tal o cual táctica, sin vanagloriarse, sin autoinculparse y sin inculpar a otros. Si lo que nos disgusta es la desorganización imperante ¡Organicémonos! Ahí está la labor. Para poder avanzar hacia adelante en esta nueva fase de la lucha que se abre ante nuestros ojos y se avizora más difícil aún, nos queda como tarea clarificar nuestros objetivos, nuestros alcances, nuestra táctica y nuestra estrategia, reforzar la organización, la propaganda, la educación, las ligas efectivas con el pueblo y sus luchas, la movilización y la voluntad para resistir y, claro, para combatir contra lo que se viene.

olegariovasili@gmail.com

Notas:

1.- El movimiento #YoSoy132 y el activismo en la UNAM

2.- De los manuales de la CIA a la moderación de la socialdemocracia en el #YoSoy132



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