Darwin: 150 + 1

Los ataques del crecionismo continúan
Sábado 19 de diciembre de 2009
por  Raúl Calvo Trenado
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Darwin: 150 + 1

Raúl Calvo Trenado/Ilustración Juan Kalvellido

Durante 2009 se han realizado diversos actos para conmemorar el 150 aniversario de la aparición de El origen de las especies y, de rebote, hacía además 200 años del nacimiento de su autor, Charles Darwin (1809-1892). Exactamente, la obra apareció el 24 de noviembre de 1859 en Londres y su título original es “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas preferidas en la lucha por la vida” (En inglés: “On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life”).

Como se ha dicho muchas veces, fue un gran éxito y el mismo día de su puesta a la venta se agotaron todos los ejemplares pero no tengamos la tentación de imaginar tiradas gigantescas a lo Harry Potter o a Darwin firmando ejemplares a lo Dan Brown. Se pusieron a la venta 1250 ejemplares que, ciertamente, se agotaron de volada esa misma jornada pues los rumores acerca de tan singular obra hicieron que los libreros londinenses tuvieran 1500 pedidos desde antes de que el libro viera la luz; digamos que fue el equivalente a un bestseller científico durante la segunda mitad del siglo XIX. Se calcula que durante la vida de Darwin se vendieron unos 25 mil ejemplares en lengua inglesa.

Pero el que desde entonces hasta hoy día, Darwin sea un personaje imprescindible y de referencia de la ciencia y cultura humana y El origen un libro con innumerables ediciones, no quiere decir que sea tan leído. Es sabido que en muchos hogares tienen el Quijote- uno de los libros más veces impresos en todo el planeta- pero eso no quiere decir que se lea... Vaya como ejemplo que la mayoría de su obra ni siquiera ha sido traducida al castellano. (Evidentemente, en ello ha influido la censura contra un pensador “subversivo”. En particular, recordamos como cualquier referencia a Darwin o la evolución fue tema tabú durante la larga noche cultural del franquismo). Ni, por supuesto, han cesado los ataques apocalípticos, las mentiras retrógradas y las difamaciones pseudocientíficas. Muchas ideas interesantes se han dicho y leído este 2009 con motivo del aniversario y no creo que sea necesario que yo trate de añadir alguna nueva; mejor me voy a dedicar en este 150+1 a refutar al creacionismo que niega algo tal elemental- ¡y obvio!- como la evolución y, lo que es peor, este oscurantismo se viste con ropajes dizque científicos con el llamado diseño inteligente.

Primeramente, aclaremos un concepto que suele llevar a confusión: La evolución NO es una teoría o una hipótesis, es un hecho. Un hecho comprobado durante decenas de miles de años y sobre el que no existe hasta hoy día ninguna duda salvo en las cabezas de los creacionistas. Desde los comienzos de la agricultura y la ganadería, el ser humano ha actuado como “ente superior” que cruzaba semillas de plantas y organizaba el apareamiento de sus animales para obtener determinados beneficios: mejor calidad de la cosecha, mayor lana, etc. Es un proceso sin duda muy lento, como le corresponde a la evolución, pero efectivo: ambos serán descendientes del lobo pero poco se parecen físicamente un mastín de los pirineos y un caniche. ¡¡Los humanos del neolítico tenían más sabiduría práctica que sesera los defensores del diseño inteligente!!

Otra cuestión es, ciertamente, la teoría de la evolución de Darwin, que ni ha sido la primera hipótesis para explicar la evolución ni la única: En el siglo VI antes de nuestra era, Anaximandro de Mileto (610- 546) afirma que la evolución es la causante de la diversidad de las especies y que los animales superiores proceden de los inferiores (Varios autores, 2000); lamentablemente no conservamos sus escritos y sólo tenemos referencias de otros autores.

En el siglo XVIII,el naturalista francés Jean- Baptiste Lamarck (1744- 1829) formuló la primera teoría evolucionista, conocida actualmente como lamarckismo.

Alfred Russell Wallace (1823- 1919), coetáneo de Darwin, formuló de manera independiente a éste el concepto de selección natural, el más importante de la Teoría de la evolución darvinista. Lamentablemente después se interesó por el espiritismo y el misticismo, lo que empañó su visión del hecho evolutivo, en particular lo referente al ser humano.

Lo que sí podemos discutir es acerca de la validez del darvinismo aunque, francamente, parece estar bien asentado. Por supuesto que desde los tiempos de Darwin muchas cuestiones se han corregido, ampliado, matizado e incluso contradicho (neodarvinismo, equilibrio puntuado, etc.) pero la teoría sigue, en esencia, intacta. Pero aunque con el tiempo apareciera una hipótesis mejor que la refutara, no por ello- insistimos- dejaría de ser cierto el hecho de la evolución.

No tiene ningún sentido que todavía en el presente el integrismo siga pidiendo que se estudie en las escuelas el diseño inteligente como si se tratase de una explicación científica del origen de la vida frente a la teoría de la evolución de Darwin tal y como hemos leído recientemente en un artículo en La Jornada, que resumidamente dice:

El creacionismo es tratado al mismo nivel que las teorías científicas sobre el origen de la vida. No hay mención de la variabilidad al azar y de su herencia, procesos centrales en la teoría de Darwin. No se menciona ningún concepto de genética. No hay mención alguna sobre evolución humana. Eso abre las puertas a la interpretación del diseño inteligente, que plantea que el ser humano es demasiado complejo para ser explicado por procesos naturales y que tiene que ser creación de un ser supremo inteligente. Esta reducción de la teoría evolucionista es el primer paso para eliminarla de los planes de estudio. (Muñoz, 10 de septiembre de 2009).

Más o menos lo de siempre: el conservadurismo presenta al evolucionismo como si fuera una religión, a la vez que critican que la teoría de Darwin funciona mediante el azar, sin ningún esquema preconcebido y sin ningún conductor, y el mundo es demasiado complejo para explicarse sin la intervención de un ente superior al ser humano. Es la ortodoxia fijista de siempre, que ha cambiado de nombre y ha tratado de adaptarse a los tiempos actuales: que ahora se hable de teoría del diseño inteligente no es más que una burda forma de revestir esta doctrina de ropajes pseudocientíficos al estilo de J.J. Benítez o de esos sabios que explican las profecías de Nostradamus y transcriben supuestos códigos secretos de la Biblia a base de matemáticas y algoritmos. Y es que estos fijistas no se rinden: el registro fósil es falso o se reinterpreta a su antojo y la palabra bíblica es literal, es decir, que el Sol gira alrededor de la tierra y Dios lo paró en una ocasión para ayudar a Josué. Esta literalidad a Galileo Galilei le costó cara...

Y hablando de Galileo, en los tiempo actuales todavía el Vaticano no ha “perdonado” (?) al hereje científico pisano y sigue afirmando que éste carecía de argumentos (¿?) para defender la teoría heliocéntrica, al contrario que la iglesia que podía defender el geocentrismo a golpe de pura lógica. En palabras del actual Papa, Benedicto XVI: “La Iglesia de la época de Galileo se atenía más estrictamente a la razón que el propio Galileo, y tomaba en consideración también las consecuencias éticas y sociales de la doctrina galileana. Su sentencia contra Galileo fue razonable y justa, y sólo por motivos de oportunismo político se legitima su revisión” (Ratzinger, 2006, p. 129). Si estos dislates suceden a más de 350 años del fallecimiento de quien es considerado como padre de la ciencia moderna, cómo va aceptar la retrógrada curia romana a Darwin si ¡sólo han transcurrido 150 años desde la publicación del Origen!

Es necesario liberar de una vez la ciencia evolutiva de todos los prejuicios que la rodean (eso tan coloquial de “el hombre desciende del mono”, por ejemplo, jamás fue afirmado por Darwin) y de los frenos irracionales del Génesis (¡que hay hasta simples piedras en la corteza terrestre más antiguas que el tiempo transcurrido desde la supuesta creación!). No puede ser que muchísimos niños y niñas reciten el catecismo y jamás lleguen a saber del homo habilis. Negar la evolución es tan absurdo como seguir afirmando que la Tierra es plana.

BIBLIOGRAFÍA
- Muñoz Rubio, Julio (10 de septiembre de 2009). “La SEP contra la teoría de la evolución” en La Jornada. Extraído de http://www.jornada.unam.mx/2009/09/10/index.php?section=ciencias&article=a03a1cie Fecha de consulta: 10 de septiembre de 2009)
- Ratzinger, Joseph (2006): “Una mirada a Europa”. Roma. Ediciones Paulinas.

BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
- Darwin, Charles Robert (2008): “El origen de las especies. Edición conmemorativa [por el 150 aniversario]”. Madrid. Editorial Espasa
- Lamarck, Jean- Baptiste (2007): “Filosofía Zoológica”. Barcelona. Editorial Pòrtic [En catalán]
- Varios autores (2000): “Los filósofos presocráticos. Volumen I”. Madrid. Editorial Gredos.
- Wallace, Alfred Russell (2006): “La teoría de la evolución de las especies”. Barcelona. Editorial Crítica.


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