La sucesión presidencial
Todo cambia pero Todo sigue igual
En las elecciones de 2003, el Instituto Federal Electoral (IFE) entregó 4 mil 843 millones 223 mil 884 pesos para las campañas de 11 partidos políticos. El abstencionismo fue de 60%, sin embargo, para el IFE el costo de la estabilidad social, la gobernabilidad y la democracia "no tiene precio".
Desde la guerra en la que los criollos reclamaron el Poder a los peninsulares --a costa de la sangre de los indios y mestizos desposeidos que a cambio recibieron la promesa de progreso y libertad-- las pugnas por justificar el ansia de poder ante la sociedad, marcan la historia política de este país.
Ya sea con las armas (como fue de 1810 a 1928) o con elecciones (como aprendío la burguesía de los gobiernos posrevolucionarios) la sucesión de gobernantes es una vieja batalla que aún se recicla entre los que no quieren perder sus privilegios y los que todavía no los tienen.
Si bien para muchos la miseria y explotación presisten desde hace más de 500 años, las promesas que desde hace 200 años no se cumplen siguen motivando la esperanza de bienestar entre los “desfavorecidos” del neoliberalismo económico.
Casi un año antes de abrir las casillas de votación, los partidos políticos en México utilizan nuevas formas de propaganda electoral basadas en la manipulación de la histórica inconformidad social con la cual intentan justificar la poca credibilidad que lograron en el año 2000.
Diversos analistas sugieren que con Fox se inició la "mercantilización de la política" ya que la promoción de un candidato presidencial con técnicas de publicidad comercial, fue la diferencia que le permitió derrotar en las elecciones al PRI que gobernaba desde hacia 70 años y al PRD encabezado por Cuautémoc Cárdenas --un disidente del PRI-- que desde 1988 intenta alcanzar la presidencia para la izquierda méxicana.
Por el bien de todos, paliativo a los pobres
A la fecha, según las encuestas de los medios masivos el aspirante más popular a la Presidencia de la República para el año 2006 es Andrés Manuel López Obrador (AMLO), jefe de gobierno de la Ciudad de México desde el año 2000 y quien desde hacía medio año atrás enfrentaba una aparente persecución política por su "proyecto alternativo de nación"; marcado por un asistencialismo urbano --semejante al asistencialismo rural del priísmo clásico-- y apertura a la inversión privada.
Después de que el Congreso retirara el fuero a AMLO en abril pasado para que enfrentara un proceso penal que suponía el intento del gobierno federal para impedir que ALMO participara en las próximas elecciones, la efervecencia social por el desafuero consiguió reunir a más de un millón de personas en el zócalo de la capital en la llamda “Marcha del silencio”.
La espectativa de una movilización generalizada que desconociera al actual gobierno se truncó cuando la campaña de AMLO por la presidencia pasó de la agitación popular a la conciliación con la alta clase política, empresarial y clerical, para así pactar con el presidente unas “elecciones limpias” dentro del marco institucional y evitar en lo posible toda convulsión social.
65 millones de mexicanos amagados por la miseria son un verdadero peligro no sólo para los que ostentan la riqueza sino también para la izquierda partidista que se hace vieja y aún no consigue su botín.
Imágenes

Anuncio IFE 2003

Archivo Naxctsola. El último contingente de “la marcha del silencio” convocada por López Obrador (24/04/2005), la última movilización de la llamada Recistencia civil pacífica.

Archivo Casasola. Francisco Villa en la silla pre-sidencial (no en la original porque ésta se la había llevado Venustiano Carranza a Veracrúz) y Emiliano Zapta en Palacio Nacional, 1913.

Manifestación de apoyo al Peje en la Ciudad de Oaxaca.

Pinta en el centro de Oaxaca